el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Visitando al Diablo

 
Llena de leyendas. La región de los Tuxtlas es así. Si bien, el poblado de Catemaco es el que más fama posee, no debemos dejar de lado que toda la zona, conformada además por los poblados de Santiago y San Andrés,  está llena de historias y misticismo.
 
Apenas se pone un paso en éstas tierras, todo cambia. El olor a tierra, los colores del cielo, la vegetación y hasta el estado de animo se hace diferente. La vida se vuelve un instante, la muerte espacio infinito. Por eso quizá la impresión de ‘no estar’ siempre es latente.
 
Lugares así, necesariamente, son ricos en historias: Hay quién habla de una bola de fuego que en las noches sale de un cerro y recorre a gran velocidad la Laguna de Catemaco, otros mencionan que toda la región está llena de una especie de duendes llamados ‘chaneques’ o que la zona está tan cargada de magnetismo que sirve como base de seres y naves extraterrestres. De entrada, todo esto que sonaría a fantasía, comienza a tornarse en realidad en cuanto nuestros propios ojos constatan el ramillete de ritos y ceremonias que tienen lugar entre los lugareños. Estar en los Tuxtlas en plena Semana Santa, es adentrarse en un recorrido del que difícilmente nos repondremos. Desde altares de santos adornados con plantas y polvos aromáticos, hasta procesiones silenciosas. Desde el fervor casi exagerado de la población a su fe ciega en la Virgen del Carmen o el Cristo Negro de la Misericordia. Elementos que en si, podrían ya darle renombre mundial a Catemaco y a los Tuxtlas, y que inevitablemente, quedan relegados a segundo termino debido a un atractivo mucho más poderoso y atractivo: la brujería.
 
Para aquellos que piensen que la fama de los brujos de Catemaco es un mero invento para atraer turismo, permítanme desengañarlos, pues aunque hay muchos charlatanes, también es cierto que hay chamanes y brujos dedicados al cien por ciento a practicar limpias, conjuros, amarres y cuanto trabajo se les ocurra. Convendría, antes que nada, hacer una clara diferenciación entre los términos ‘brujo’ y ‘chaman’.  Los primeros practican las artes obscuras, los segundos sólo trabajan con magia blanca. Y aunque suene muy romántico el asunto, aquí también el bien y el mal se complementan y crean un balance perfecto. Por eso, a finales de marzo y principios de abril brujos ‘buenos y malos’ tienen sus ceremonias por separado. En diferentes cerros, como si uno y otro se estuvieran observando. En uno de estos cerros, está la llamada ‘Cueva del Diablo’, centro de los ritos de brujería negra.
 
¿Alguien se resistiría a vivir la aventura de comprobar con sus propios ojos que todo esto existe?
 
Yo no. Como buen narrador caí inmerso en la imperiosa necesidad de acudir al llamado de mi curiosidad. Por eso insistí tanto en hacer el recorrido que me llevaría de Catemaco a San Andrés y de ahí, siguiendo la carretera a Veracruz, dar vuelta a la derecha después del segundo tope y subir unos ocho kilómetros para dejar después el auto a un lado de la carretera e internarme a pie por un caminito que me llevaría hasta la llamada ‘Laguna Encantada’, que debe su nombre a que cuando llueve el nivel de sus aguas baja, y en tiempos de sequía ésta sube.
 
Desde aquí, el paisaje es hermoso, pero tan solitario y silencioso que da miedo, pues al azul intenso de las aguas tranquilas, lo cubre una espesa vegetación que sólo deja escuchar los sonidos de algunas aves y animales de la selva. Para llegar a la ‘Cueva del Diablo’ hay que rodear brevemente un pequeño tramo de la orilla de la laguna. A lo lejos, en la mitad de aquel deposito acuoso, en una rudimentaria embarcación a base de tablas, dos mujeres indígenas de extraños rasgos y llamativos vestidos cruzan la laguna con una velocidad y habilidad sorprendentes. Después viene lo complicado que es adentrarse en la selva, siguiendo un caminito a ratos apenas perceptible. Sintiendo como tras cada paso las plantas se mueven a causa de los animales que al escucharnos se alejan despavoridos. No así una serpiente coralillo que decide atrancar medio camino e impedirnos el paso. Después de unos minutos, ella y su veneno se alejan como dándonos permiso de seguir. Así, son cerca de dos kilómetros de subir, bajar, atravesar raíces gigantescas de árboles, piedras, matorrales y plantas. De escuchar sonidos extraños y no ver más que algunos rayos de sol que prófugos alcanzan a atravesar el espeso techo que los árboles selváticos nos brindan.
 
Entonces se oye agua correr. Y uno se alegra pues encuentra en aquel sonido al menos un eco a sus pensamientos. Minutos después, un pequeño manantial del que brota un pequeño riachuelo le da la bienvenida al casi suicida aventurero. No es muy grande, pero su agua transparente y fría brinda tranquilidad. Y uno la bebe, se sumerge en ella, se refresca y se olvida entonces de que está en medio de la selva, presa fácil de animales, bandidos o brujos. Uno olvida que nuestro destino en realidad es la casa del Diablo, y que con esas cosas no se juega. ¿Debería estar al menos un poco preocupado?.
 
Volví a mi miedo y angustia cuando apenas unos pasos arriba del riachuelo, una pared pintada con las leyendas ‘Respeta mi casa’ y ‘Satanás está vivo’, así como algunas veladoras negras nos dieron la bienvenida a un mundo que ya no pertenecía al de los vivos. Miedo a lo desconocido, a las fuerzas de aquello que no podemos controlar. Ahora la cuesta se volvía más pesada y empinada. Piedras, musgo resbaloso, y a lo lejos el ladrido de unos perros furiosos convertían el aire en hostil. Y de pronto aparece ante nuestros ojos una gruta llena de mosquitos. Más leyendas en las paredes de roca. Cartas, fetiches, gallinas muertas, veladoras. Las paredes de la gruta llena de flores secas y un profundo olor a humedad. 
 
Aunque los lugareños recomiendan no entrar a la cueva, y mucho menos pisar los objetos del interior debido a la carga negativa de éstos, la maldita curiosidad nos obligo a entrar en aquella oscuridad. A revolvernos en aquel piso lodoso y escuchar los chillidos de los cientos de murciélagos que nos vigilaban. Quizá lo de la carga de negatividad sea cierto. Años atrás, también había entrado, sólo que en aquella ocasión, al llegar al hotel nos dijeron que una fuga en el tanque de gas de mi casa en la Ciudad de México amenazaba con provocar una explosión en la calle. Afortunadamente aquella vez no paso nada.
 
Una hora después el camino de regreso ya es menos angustiante. No por eso, crean que la magia de aquel lugar se olvida rápido, al contrario, las imágenes y olores de la Cueva del Diablo siempre están allí. Y no me imagino como será esa noche en la que todos los brujos se reúnen ahí. El sólo hecho de pensar que por esa ruta selvática han pasado brujos y que en esa zona se conjura al diablo, me parece surrealista. En lo personal creo que el mal existe. No podría concebir al bien sin la existencia de éste, y viceversa. Ver aquellos altares y sentir aquella presencia del mal me confirma que en la región de los Tuxtlas pasa de todo, menos cosas normales. Años de indagar en sus leyendas y yo cada vez me maravillo más con estos lugares que escapan de mi entendimiento.
 
Algún día me gustaría escribir todo lo que sé de estás tierras. Aunque de intentarlo nunca acabaría.

4 comentarios to “Visitando al Diablo”

  1.  
    Na maaaaaaaaaa ***che Gabi, yo no me metía ni a madrazos. Al Agüita si. Pero a la cueva no.
     
    ¡Ñáñaras!
     
     

  2. ummm la cueva del diablo existe amigos y lo que se hace ahi mas, si no saben a que se dedicana hi nunka entren!!

  3. ABRAHAM LOPEZ escribio.: cuando iva en la secundaria hicimos un viaje a catemaco donde conocimos la laguna encantada, nos platicaron de la cueva del diablo y a mi y mis compañeros nos dio curiosidad de conocerla y fuimos nos fue dificil llegar .esta escondida. cuando llege a la cueva del diablo me senti muy casado sin energia , me llamo la atencion lo que vi craneos , pergaminos, veladoras yo no toque nada , olia mal sentia que me faltaba aire y uno de mis compañeros se metio mas y me comento que una persona con una tunica negra y una cruz blanca le crei . ya han pasado muchos años de esto y me pregunte. que si me afecto esa energia en mi vida. o a mis compañeros .ya no los he visto no se como les ha ido en sus vidas.que les pasa a las personas como yo que han entrado a la cueva del diablo si alguien lo sabe que me lo diga gracias.

  4. que tal soy erick soy de pachuca pero me mude a veracruz por 3 anos para estudiar la prepa y en ese tiempo conosi a mis mejores amigos que ahun conservo y dentro del el grupo de amigos que hise en ese tiempo existio sulema chagala una amiga muy cotorrona y alocada pero agradavle en serio ella vivia con una tia en el puerto pero su familia hermanos y papas vivian en san andres y en una ocacion nos imbito a pasar un fin de semana por que seria la fiesta de 15 anos de su hermana menor ,no sin antes advertirnos que su abuelo era un chaman muy solicitado en ese pueblo y por lo consiguiente no nos fueramos a asustar con lo que veriamos en su casa ,todos pensamos que exagerava y que solo queria asustarnos un poco o que solo queria ponerle sabor a la aventura pero es muy sierto que a san andres no hay que ponerle nada mas por que todo es mistisismo como sacado de un cuento ,y respondiendo a la pregunta de que te pasa si entras a la cueva del diablo .en esa ocacion visitamos la cueva sin decir nada en la casa de sulema por que su familia es muy respetuosa con esas cosas y mas tenien do un abuelo chaman el caso es que una de mis amigas pateo un jarro de varro con piedras y hiervas que estava en el suelo ya cuando saliamos y dijo no temer a ningun espiritu.cuando sulema antes de entrar nos explico que no tocaramos nada ni que nos burlaramos por que en esa cueva rondavan muchos espiritus .bueno gracias a mi amiga laura que pateo el jarro tubimos que volver 3 veces para que el abuelo de sulema la curara por que ala semana se le enpesaron a caher las unas del pie por una especie de ongo que le broto .y en una de esas ocaciones el abuelo de sule. conrrado chagala como se llamava el chaman nos explico que el bien y el mal existen y que el uno al otro se necesitan para suxistir como vivos con los muertos ,solo que tenemos que tener respeto por ello ,la prueva esta en a nadie mas le paso nada raro ni malo y sigo teniendo mcontacto con algunos de ellos .nunca volvimos a la cueva del diablo pero las veces que regresamos a san andres nos la pasamos super por que ese lugar tiene majia y echiza lo ultimo que supe de sulema es que se caso y tiene mas de 7 anos no la e visto ,ahora vivo y travajo en texas pero sueno con el momento en que pueda volver a san andres que es hermoso y visitar a sulema .claro no la cueva del diablo por que recuerden que los respeto por los muertos que viven entre nosotros pero no pasa nada si visitas esos lugares teniendo el devido respeto ok .


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