el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Quisiera escribir de Mèrida

Todo machacado, con dolores en la espalda y sin pompas (¡si de por si!) es como uno queda despuès de pasar 20 horas en un autobus, que por muy ‘ejecutivo’ que sea, no deja de ocasionarnos estragos en las sentaderas.
 
Hoy escribo desde un cafè internet en el centro de Mèrida, en el estado de Yucatàn. Vine uno dias por motivos de trabajo, y despuès de casi doce horas en la ciudad puedo decir dos cosas: es un lugar precioso y hace mucho, pero mucho calor. Para quienes no tengan el gusto de haber venido, les dire que llegar a Mèrida es como trasladarse a otro punto de la historia. Cada una de sus calles tiene algùn motivo para ser fotografiada: todas con casas de una sola planta y que en su mayoria estàn pintadas de color blanco. Aunque me perdì por màs de una hora entre calles (muy a lo New York) cuyos nombres son nùmeros, jamàs me angustiè, muy por el contrario, lo disfrute como enano. Caminar en ellas, debajo de un sol abrazador y un cielo completamente azul es ùnico.
 
¿Y que decir del Centro Històrico, la Catedral de Mèrida y el Palacio de Gobierno?. Supongo que nada. Cuando ves ante ti construcciones enormes, imponentes, llenas de historia e imágenes no queda màs que callarte y gurdar aquellos prodigios en tu memoria y decirle a cuanto ser viviente te encuentres que lo visite y que como tù, viva la experiencia de quedarse con la bocota abierta y la baba escurriendo ante el paisaje.
 
Menciòn aparte merecen las Yucatecas, que no se si sea por el calor, o porque asi lo quiso Dios, o porque soy un raboverde; las veo muy guapas. Te dan ganas de seguirlas, invitarles un cafè, lanzarles miradas coquetas y màs. No sè que piensan los directivos de las preparatorias al pedir que el uniforme oficial de algunos de estos centros educativos sean falditas cortas y blusitas pegadas. Si yo fuera uno de los compañeros de clase de alguna de estas jovencitas, tengan por seguro que reprobarìa. Situaciòn que en un lugar como Mèrida, me importarìa un pepino.
 
Si estoy en un lugar hermoso, observando un atardecer cuya brisa refrescante me acaricia ¿por què demonios no estoy tranquilo, y tengo màs ganas que nunca de estar en casa?. Generalmente, dirìa para mis adentros que tiendo bastante hacia el descontento, pocas veces puedo estar contento con lo que tengo. Problema que arrastro desde mi infancia. ¿Què querìa un He-Man?. Me lo compraban. Lejos de estar contento, comenzaba a preocuparme porque con el uso, una parte de su cabello comenzaba a despintarse y una de sus patas se aguadaban. Entonces, Gabriel lejos de disfrutar su juguete, se preocupaba màs por la forma en la que èste se iba desgastando. Y asì con mi ropa, y mis celulares, y mi coche, y mis amigos, y las pretendientas, y novias y todo.
 
Se que soy el colmo de lo ridiculo, pero quizà, y sòlo por esta ocasiòn, el querer estar en la Ciudad de Mèxico no obedece a una niñeria o caprichito tonto, sino a una angustia que de momento no me deja ni parpadear agusto: Margarito, mi perro, se puso muy mal ayer y tuvieron que internarlo en la noche con la veterinaria.
 
Eso me dijo mi Mamà en la mañana, cuando hable por telèfono con ella. Si han leìdo las entradas de mi blog, sabràn que hace màs de una semana atropellaron a Margaro, y que hace siete dias lo operaron. Pues bien, parece que se le infectaron los puntos, ademàs de que sigue sin mostrar una mejorìa notable en su andar: Le sigue costando trabajo caminar, y por alguna razòn que desconosco, no apoya la pierna izquierda trasera al hacerlo. Podrìa tranquilizarme diciendo que ya està recibiendo atenciòn, hoy le sacaron una radiografìa y supongo que a estas horas mi mamà ya debe estar recibiendo el veredicto. Si esta mi Mamà, la doctora y mi hermana al pendiente de èl, ¿por què sigo preocupado?. Supongo que es por la impotencia de saberme lejos. De saber que pase lo que pase, de momento no puedo intervenir en lo que pasa a màs de 900 km de Mèrida y que por lo tanto, soy como un espectador màs de la pelìcula.
 
Me aterra. Tanto que darìa lo que fuera por volver ya. Lamentablemente, fue idea de mi amigo Isaac que los boletos abiertos que tenìamos para el regreso los hicieramos efectivos para salir de Mèrida en la tarde del viernes, llegando asi hasta el sàbado en la tarde a Mèxico DF. Entonces, y en conclusiòn: me siento impotente y tengo miedo de que mi Margarito sufra y no se sienta bien.
 
Podrìa platicarte, querido blog (paresco niña cursi) de lo simpatico que me parecen los gringos que me encuentro cada calle, o lo interesante que encuentro a los turistas europeos. Tambièn me encantarìa escribir sobre la sopa de Lima, el acento Yucateco, la de aventuras que me han pasado o de la reflexiòn que ayer en la noche hice sobre el amor, mientras mi camiòn atravesaba el estado de Tabasco. Quisiera, pero no sè si me de tiempo, o peor aun, si el tiempo me alcance. Por ahora, màs que endulzarme los ojos con ‘la Ciudad Blanca’, o dedicarme a otra cosa, mi mente, corazòn y espiritù esta con mi perrito que sabe Dios cuanto quiero.
 
En una hora hablarè a casa y sabrè còmo esta. Si puedo les cuento mañana. Y si tengo animos y todo va bien (eso espero) les contarè màs de mis aventuras por acà.
 
Desde Mèrida,
Gabriel Revelo,
que hace una hora se comiò un espaguetti gigante, sabroso y muy barato, y que en ocho horas ha bebido cinco litros de Gatorade.  
 
**** algunos acentos estan al reves, no por mi, sino porque esta computadora que no es la mia, no quiere cooperar.     

Una respuesta to “Quisiera escribir de Mèrida”

  1.  
     
    ¡Come huevos motuleños! ¡¡¡Son muy ricoooooooooooooooooos!!!


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