el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Cinéfilo de ocasión

 
Tras casi seis meses, el pasado fue mi primer fin de semana sin programa de radio. Si a dicha eventualidad, le agregamos el hecho de que los días estuvieron lluviosos, hubo puente y además Súper Bowl. Ya que nunca he sido fanático del fútbol americano, busqué algún tipo de diversión que me ayudara a salir del aletargo en el que parecía condenado a hundirme. 
 
Y fíjense que no. Contra mis propios pronósticos me la pasé muy bien, pues me di mi tiempecillo para ver cuatro películas a las que les tenía muchas ganas. A continuación hablaré un poco de ellas.
 
Viernes: Kilómetro 31. Ese día se estreno, después de dar vueltas por un par de cines en busca de boletos finalmente encontramos para la función de las 22:15. Kilómetro 31 es un film mexicano de terror, cuya trama aborda las misteriosas apariciones de un niño en el kilómetro 31 de la carretera al desierto de los leones, y las muertes que tal fenómeno paranormal ocasiona. Esa es la primicia, obviamente podría contar más pero apelo a que mejor vayan a verla y descubran la manera en la que la historia se va desarrollando y la trama se vuelve más compleja, tomando elementos de nuestro pasado prehispánico y leyendas de la Ciudad de México. Km31, además de bien actuada, cuenta con una producción de primer nivel: No le pide nada a ninguna película gringa o japonesa del genero; algunos encuadres, tomas, juegos de cámaras, efectos especiales y fotografía retratan la capital mexicana de una manera antes no vista (a veces misteriosa, tétrica, lúgubre. Cuesta trabajo asimilar que es la misma en la que vivo). Aunque tiene algunas lagunas en su planteamiento, es una propuesta arriesgada, que sí da miedo y que redefine al terror en el cine mexicano, ya sin Pedrito Fernández, o mounstros mal hechos persiguiendo a Capulina.     
 
Sábado: Apocalypto. Me gustó y no me gustó. Dirigida por Mel Gibson, muchos amigos me habían hablado de ella como una película ‘aun más sangrienta que La pasión de Cristo’. La verdad es que aunque tiene algunas escenas violentas, no creo que sean tan fuertes o censurables. Aquí la trama ocurre en la época de la decadencia de la cultura Maya, justo cuando los enfrentamientos entre distintas esferas de aquella civilización comienzan a enfrentarse entre sí. Así es como la violencia y devastación llega al poblado de Garra de Jaguar, indio que al intentar escapar es capturado por otro grupo de mayas y condenado al sacrificio junto con otros aldeanos, no sin antes, esconder a su pequeño hijo y a su mujer embarazada. A partir de ese momento Garra de Jaguar emprenderá un viaje lleno de penurias y acontecimientos proféticos, buscando escapar de su destino y volver a tiempo para salvar a su familia de las inclemencias del tiempo. La cinta, sin discusión, está bellamente filmada, pues a pesar de estar hablada en maya, la dirección es tal, que gráficamente nos transmite tensión, belleza, asombro y cuantos sentimientos me digan. Además de ser filmada en su totalidad en México, gran parte de las locaciones fueron en Catemaco, poblado que conozco como la palma de mi mano y del que reconocí algunos paisajes en la pantalla, por ejemplo, la cascada en la que salta Garra de Jaguar es el famosísimo ‘Salto de Eyipantla’. Si bien, por momentos uno siente que está viendo Rambo, al final se agradece que la acción sea tan bien manejada. Quizá tiene errores evidentes en su historia, como el de ubicar la caída de la civilización Maya y la llegada de los conquistadores españoles en el mismo contexto, siendo que realmente hubo más de trescientos años entre un acontecimiento y otro. Fuera de eso, el estudio histórico que se hizo fue muy bueno. Y para crear polémica, a todos aquellos que dicen ‘los mayas no eran así de sanguinarios, sino más científicos’, lamento decirles que a los conocimientos astronómicos y matemáticos sólo tenían acceso los gobernantes y los sacerdotes, de modo que en base a ellos manipulaban al grueso de la población. Había mayas buenos. Había mayas malos. Como hoy en día, que también el poder y acceso a la información es para unos cuantos.          
 
Domingo: Rocky Balboa. Mientras gran parte del mundo veía el tercer cuarto del Súper Tazón, yo estaba en el cine alucinando como pocas veces. Lo admito de una vez, soy fan de las películas de Rocky. Y aunque sé las cinco partes de memoria y el personaje me apasiona, nunca había tenido la oportunidad de ver alguna en pantalla grande. ¿Saben lo que es que se apaguen las luces, y empezar a escuchar la música de inicio de las películas de Rocky?. No hay palabras. Instantáneamente me descubrí emocionado, sonriendo, y aferrado a la butaca. Ahí estaba Rocky Balboa, el mismo boxeador de los suburbios de Filadelfia que alguna vez peleó con el campeón Apolo Creed en una pelea inolvidable, el mismo que se enamoró de Adrián, el mismo entrenado por Mike, el que vengo la muerte de su ya amigo Apolo a manos del imponente Draco en Moscú. Él mismo que por malos manejos económicos volvió a la miseria. Él mismo personaje que más que un héroe fortachón, capaz de plantarle cara al más temible boxeador es tan humano que duele. Muchos creían que ésta sexta y última parte de la serie sería un churro infumable, y la verdad es que no. Ya Sylvester Stallone había dicho que no le había gustado la quinta parte como final definitivo, he hizo bien, pues ahora, en ‘Rocky Balboa’ dignifica al personaje y lo sitúa de lleno en el terreno de las emociones: El deseo de seguir los instintos, la dureza de la vida a causa de la nostalgia, el alejamiento de un padre y su hijo, el dolor de lo que ya no se es. No iban ni tres minutos de proyección cuando se revela, en una emotiva escena en un panteón desolado que Adrian tiene varios años de muerta, y hasta el que Rocky va y platica con ella de su soledad, de los logros laborales de su hijo, de lo injusto que es la vida. Bastaron estos minutos para que se me rompiera el corazón. No sé si fue el momento en el que la vi, pero la cinta me conmovió bastante. Porque dentro de tantísimas lecturas que se le pueden dar a la historia, al menos por dos horas, los problemas de aquel hombre en decadencia me parecieron tan míos. Yo fui Rocky, y al igual que él lloré en algunas partes. El final no lo quiero contar, pero les diré que es emocionante y digno. Imagínense la música incidental de sus finales de pelea, visualicen ahora un boxeador evidentemente cansado luchando por demostrar, no sólo en el ring, sino en la vida, que el secreto es aguantar los golpes y seguir adelante. Me acordé, y se me puso la piel chinita.         
 
Lunes: Volver. No se trata de una de las mejores películas del cineasta español Pedro Almodóvar, pero si de las más originales y diferentes a su estilo. Las hermanas Raymunda y Sole  perdieron a sus padres hace varios años en un incendio. Ambas hicieron su vida en Madrid y ocasionalmente van a su pueblo natal a dejarles flores al sepulcro, hasta que en una de esas visitas, la muerte de una tía moribunda lleva a Sole a toparse con el fantasma de madre, de quién se murmuraba, se seguía apareciendo en el pueblo. A partir de aquí las cosas comienzan a enredarse magistralmente hasta sumergirnos en un planteamiento muy original, aunque algo predecible. Aunque en honor a esta película, les diré que Almodóvar, desenreda el nudo dramático con un estilo en el que siempre van quedando misterios en el aire, y al deshacerlos, estos forman otros. La película ni se siente, pasa ligera y como siempre es un scaneo interesante hacía la sociedad española de hoy en día. No es la mejor, pero es buena. Así como buena esta la actuación (y ella) de Penélope Cruz en el papel de Raymunda.         

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