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¡Borat!

 
Fue René Franco, dentro de su programa de radio ‘La Taquilla’ la primera persona a la que escuché hablar de la película “Borat: El segundo mejor reportero del glorioso país Kazajstán viaja a América”. El popular locutor comentó en aquella ocasión que ésta cinta se estaba volviendo un ‘hit’ en las salas de cine de varios países europeos y estadounidenses, además de haber confesado que al verla se rió como hace años no lo hacía.   
 
Esto fue en Diciembre. Desde entonces me dieron ganas de verla, aunque todavía no entendía bien ni el concepto, ni la historia de la película. En internet y diversos medios impresos había información contrastante: por un lado se le acusa de ser semitista, racista, vulgar y de vender una falsa imagen de Kazajstán; aunque otros medios no dudan en elogiar la idea y el agudo estudio que ésta producción hace de la sociedad norteamericana.
 
Multinomiada y ganadora de las más diversas premiaciones cinematográficas (incluidos los Globos de Oro) Borat ha cosechado fans alrededor del mundo. Algo debía tener. Por eso, y después de haber esperado más de un mes a que llegara a México, el domingo por fin la pude ver. Y aunque, mis expectativas eran muy altas, fueron superadas.
 
¿Cómo definir Borat?. Es difícil. Aunque una apreciación bastante cercana sería la mezcla de ‘La Risa en vacaciones’, un capitulo de los Simpsons, un documental de National Geographic, un discurso incoherente de López Obrador, y un buen sit com. Intentaré explicar de que se trata: Borat Sagdiyev, considerado por el mismo como el ‘segundo mejor reportero de Kazajstán’, decide abandonar su patria para hacer un documental sobre el estilo de vida, costumbres y tradiciones en Estados Unidos, razón por la cual viaja ese país. Desde su llegada, las diferencias ideológicas y culturales se ponen de manifiesto, provocando que el entrañable periodista termine involuntariamente envuelto en una enorme cantidad de líos.
 
Borat odia a los judíos y a los gitanos. Ve con normalidad que en Kazajstán se le dispare a los homosexuales y considera más importantes a los perros y a los caballos que a las mujeres. Muchos dirán que estoy loco, pero a mi, el personaje interpretado por el comediante británico Sacha Baron Cohen me resulta encantador e inolvidable si lo entendemos como lo que es: un personaje.
 
Gran parte de Borat fue filmada sin que las personas a su alrededor supieran que era una película. De ahí su impacto, ironía y éxito. Cuando el supuesto reportero kazajstaní se entrevistaba con políticos o miembros de sociedades estadounidenses, compraba autos o convivía con ciudadanos neoyorquinos, estos realmente creían que realmente se estaba realizando un reportaje para la televisión de Kazajstán.
 
Yo también reí. Y mucho. Me parece fenomenal que surjan nuevas formulas como ésta, en la que además de ofrecer diversión al final nos dejan un mensaje más profundo. Satirizar así a una sociedad tan dominante y llena de paradigmas como la norteamericana al final nos pone a pensar si el verdadero racismo e intolerancia no está realmente en las ‘sociedades avanzadas de occidente’.
 
Hay muchas escenas memorables a lo largo de la película. Mismas que no les contaré pues prefiero que vayan al cine y la vean. Les garantizo que los hará pensar. Y claro, reír mucho.

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