el incomprensible mundo de gabriel revelo
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En Irapuato

 
Tenía nueve años sin volver. Quizá por eso no recordaba muy bien como era la ciudad. Algunos detalles permanecían en mi mente, pero había perdido su esencia. Éste fin de semana que por fin regresé
 
Ubicada en el estado de Guanajuato, en pleno corazón del bajío mexicano se encuentra la ciudad de Irapuato. Lugar famoso por su producción de fresas y su clima envidiable, es a pesar de su tamaño, un mosaico de realidades, historia y tradición. Lleno de glorietas en sus calles principales, uno puede recorrer Irapuato en auto en tan sólo veinte minutos, tiempo suficiente para descubrir su tradicional estadio que en 1986 fue utilizado como una de las sedes del Campeonato Mundial de Fútbol, algunos de sus nuevos y funcionales hoteles, la nueva Plaza Comercial ‘Las Cibeles’, sus comercios transnacionales, bares y más.
 
Como buena ciudad, Irapuato tiene varias caras. Por un lado su zona central aun padece los estragos de un desarrollo desigual. Callejuelas en las que el abandono parece una constante. Casas antiguas, sucias, polvo por todos lados. No pude evitar comparar éste ambiente con el de algunas calles del rumbo de la Merced en la Ciudad de México. Con todo, perderme en esta zona me resulto muy atractivo. Caminar por aquí, por allá, mirar a la gente, ver paisajes inimaginables.
 
Contrariamente, en las afueras de la ciudad se encuentra la preciosa zona residencial de Villas de Irapuato. Enormes y preciosas casas, calles enormes, rodeadas de árboles y césped impecable. Un campo de golf, un gran deportivo y paisajes verdes. También aquí me perdí. Aunque sea otro mundo muy diferente acompañado de una realidad alucinante, no deja de ser parte de ese Irapuato que en cualquiera de sus presentaciones tiene algo que presumir. El resto de la Ciudad es como cualquier zona de clase media de otra metrópoli.
 
Pensé que después de conocer lo mencionado anteriormente ir al Centro Histórico de Irapuato no me reportaría sorpresa alguna. Si bien alguna vez había ido, el lugar nunca me impacto. Y es aquí dónde más equivocado estaba: El Centro Histórico Irapuatense lucía remodelado con un enorme estacionamiento subterráneo de dos pisos que redujo notablemente los problemas de trafico vehicular. Su explanada limpia, con unas fuentes danzantes que de noche se iluminan, brindando una atmósfera de modernidad que se acopla a la perfección con los monumentos, fuentes e iglesias coloniales que en cada cuadra se encuentran. Porque si la gran ciudad de Puebla está llena de iglesias, Irapuato, aunque en menor tamaño y cantidad no se queda atrás. Ahí, en el centro estuve cerca de tres horas. Entrando a templos, viendo estatuas, los comercios pintorescos y populares, sus puestos de elotes y su gente maravillosa.
 
Sólo estuve dos días. Aun manejando en la carretera que en tres horas me tendría de vuelta en mi quinientas veces más grande Distrito Federal, no puedo dejar de sentirme contento por haberme reencontrado y revalorado la pequeña pero acogedora ciudad de Irapuato. Un bello rinconcito más de mi país, que dicho sea de paso, cada día me enamora más.       

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