el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Presidencial

Ya les platique todo lo que personalmente trajo consigo el haber sido parte del staff el pasado jueves del evento ‘100 años de Grupo Salinas’. Ahora quiero hablar de otros detalles que considero interesantes.
 
La celebración se llevó a cabo en la explanada del Museo Rufino Tamayo, ubicado entre las calles Reforma y Gandhi de la Ciudad de México. Como su nombre lo indica, el motivo de era el festejo del primer centenario de vida del consorcio dirigido por Ricardo Salinas Pliego y que engloba a muchas de las empresas más importantes del país como: Banco Azteca, Elektra, TVAzteca, Unefón, Fundación Azteca, Iusacell, entre otras. Antes de que alguno me pregunte, aclararé la duda que yo mismo tuve al integrarme a la organización del evento ¿Por qué cien años?, bueno, sucede que la tienda ‘Salinas y Rocha’ fue fundada hace un siglo por el abuelo del actual presidente de TVAzteca, con lo que se inició una dinastía de empresas que desde su nacimiento han sido exitosas.
 
No era para menos la celebración que se planeo. Una decoración elegante, el mejor vino, los mejores bocadillos, una atención de lujo y casi dos mil invitados. Y cuando digo ‘invitados’, así tan secamente, temo quedarme corto ante la cantidad de personalidades que la noche del jueves se dieron cita en tan protocolario evento: Cantantes, actores, conductores de televisión, empresarios, intelectuales, políticos, periodistas, Gabriel Revelo, directivos de alcurnia, y por supuesto, el Presidente de la República. Sí, el actual… y también el electo y en unos días, sucesor de Vicente Fox.
 
En cuanto al ‘Presidente Lejitimo’ (lo escribí con “j” a propósito). Ni sus luces. No fue invitado.
 
Aquel día llegué desde las cuatro al Museo. El evento estaba programado hasta las 19:30 hrs y la seguridad ya era impresionante. Por todos lados habían sujetos de traje negro, lentes obscuros y comunicador en la oreja. Eran, por supuesto, los miembros del Estado Mayor Presidencial que según supe después, llevaban custodiando el museo y sus alrededores desde las seis de la mañana.
 
Imaginé que habría fuertes medidas de seguridad, pero quién ha estado en un evento en el que el Presidente, y más aún, su sucesor, estén presentes  saben que no hay un milímetro del espacio, una objeto, un intercomunicador, etc, que se pueda colar sin autorización de las altas autoridades federales. Más sin embargo, éste a quién ahora leen podía entrar y salir con el desparpajo que el gafete de acreditación del evento me daba. Las veces que durante esa tarde salí a la calle me sentí todo poderoso. Más todopoderoso
 
Más tarde los invitados fueron llegando y desfilando por la alfombra roja que los conducía a la explanada y lugar del vacilón. En una zona de dicho camino, varios periodistas esperaban ansiosos la llegada de cientos de personalidades anunciadas. De nuevo jugué a sentir el poder cuando una y otra vez recorrí la dichosa alfombra sintiéndome Juan Camaney. Así vi muy cerca de Erasmo Catarino (ya sé que no es algo para presumir pero bueno), a Paola Núñez, Enrique Rocha, todos y cada uno de los integrantes de Los Protagonistas, a Pablo Boullosa, a Maggie Heggi, Javier Alatorre y demás, la gran mayoría del talento de la televisora del Ajusco. Claro, la mayoría son personajes que si bien ya había visto antes tanto en persona como en televisión, no te impactan tanto. En cambio, cuando por mi radio escuche que Felipe Calderón acababa de arribar no pude sino desatender mis funciones y esperar su llegada desde el mejor ángulo posible.
 
El señor Salinas salió a recibirlo. Minutos después, ambos irrumpían en medio del Cocktail de Honor en medio de Guardias Presidenciales, flashazos, cámaras de televisión y reporteros. Yo lo ví muy cerca, tanto que de haber querido lo hubiera tocado. Me impresiono la energía y determinación de aquel hombre de mediana estatura que en un par de días será el Presidente de México, y que en ese entonces no pasaba de ser un ciudadano común. Calderón estuvo diez minutos y se fue. Quizá para evitar causar tumultos con la prensa ante un eventual encuentro con Vicente Fox.
 
Casi media hora después llegó el todavía Presidente. De nuevo fue recibido por Salinas Pliego. De nuevo la lluvia de luces y personas a su alrededor. Con Fox no pasa lo que con casi todas las personalidades que conoces y que se ven tan diferentes en pantalla y en persona. Él es idéntico. Lo mismo pasa con Martha Sahagún. Ambos pasaron a escasos metros de mi presencia. Fue recibido por aplausos y como es normal, la seguridad aumento al grado de que el Estado Mayor detuvo el servicio de bar mientras el Jefe del Ejecutivo estuviera presente. Ni modo, no nos quedó de otra más que acatar tales indicaciones.
 
Hubo un pequeño performance, se proyecto en las pantallas la historia de Grupo Salinas y otro video de las empresas que lo conforman. Después vino un discurso de Salinas Pliego y después habló Vicente Fox. Su voz resonó en cada uno de los rincones del lugar dándole felicitaciones a las empresas del consorcio y aprovechando para despedirse de tantas personalidades y empresarios presentes. En ese momento yo le observaba. Se ve cansado. Aquel hombre alto y alguna vez carismático es el mismo que dice ‘chiquillas y chiquillos’, el mismo que no avaló la invasión de EE.UU. a Irák, el mismo que dijo ‘Borges’, aquel que tuvo dimes y diretes con Hugo Chávez, el que no hizo nada por Oaxaca, y sin duda alguna, el más divertido de nuestros mandatarios. El llegó como Calderón, lleno de entusiasmo. Seis años después se va, cansado, sin dejar a muchos satisfechos. Sea como sea, desde mi mirada aquel día Vicente me pareció más humano y pequeño que nunca. Después miembros de la marina interpretaron el Himno Nacional. La piel se me puso de gallina.
 
Aciertos y errores. Como todos. Quizá mucho menos errores que otros. Eso significa ser presidente. Dar tu vida por un cargo que jamás te retribuirá del todo el cansancio y desgaste de un país que todo lo quiere, pero que no tiene ni idea de cómo pedirlo.
 
Se fue Fox. De la reunión y del sexenio. Creo que es un buen hombre. Yo seguí toda la noche haciendo diabluras de otro tipo. En medio de los empresarios más importantes del país. Cruzándome con todo tipo de miembros de la farándula que como yo, lucían impecables ropas de gala. Tome vinos cuyos nombres no puedo ni pronunciar. Comí bocadillos que nunca supe a ciencia cierta que eran, y que me supieron a crudo. Creo que hice el ridículo al llamarlos ‘antojitos’. Soy un naco. Me hubieran gustado más unos Sabritones y un Frutsi.
 
Así fue mi noche con la crema y nata de la sociedad mexicana. Aunque como conté hace unos días, los discursos y figuras públicas fueron lo menos importante.         
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