el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Seducción Electrónica

La música electrónica nunca me ha gustado. O eso creía.
 
Manejo sobre Churubusco, cerca del cruce con Tlalpan. La tarde está linda y soleada, brilla. Por eso aproveche para salir de casa y respirar vida. Generalmente vago sin rumbo fijo hasta que me aburro o quedo atrapado en un embotellamiento. Entonces me enojo y maldigo el haber salido de la tranquilidad de mi hogar para internarme en ésta selva de asfalto a la que es imposible odiar por mucho daño que nos haga.
 
Afortunadamente la tarde de hoy es diferente y misteriosamente apacible. Entonces pongo el CD en el stereo del auto, la verdad no espero gran cosa del disco de Paul Van Dyk que por mero azar cayó en mis manos el pasado fin de semana. Cierto es que en unos días tengo que devolverlo a su legitima dueña, cierto también, es que la curiosidad de escucharlo me venció.
 
Track 1. No es lo máximo, pero tampoco me desagrada. Una voz en mi interior me dice que dentro de unos minutos lo quitaré y en su lugar pondré algo de Alejandro Sanz, Robbie Williams o Panda. Otra voz en mi interior me dice que espere un poco. Para cuando comienza el segundo track, la música ya manda en mi. Se apodera de mis pensamientos y sensaciones. Comienzo a creer que en realidad ese disco no es tan malo. A estas alturas creo que lo escucharé completo. 
 
Diez minutos después, todos esos sonidos y efectos sonoros se han transformado en adrenalina que corre y recorre mis venas. Conscientemente inconsciente acelero más. Apenas dimensiono la locura y el peligro de transitar por avenida Churubusco a 140 km/h. Mi locura, Van Dyk, la tarde azul y un recuerdo. Todo se conjuga y me hace sentir ¿fuerte?. No. ¿Más vivo?. Sí, debe ser eso.
 
El disco de electrónica termino gustándome. Supongo que lo mismo pasa con el amor. Así como nunca planeé escuchar algo así por propio gusto, uno tampoco espera caer enamorado cuando menos lo espera. No me pregunten por qué, pues seguramente no podría explicarlo, pero de repente comprendí por qué estos ritmos le gustan tanto a su dueña. Dentro de cada bit hay alegría, misticismo, belleza y un universo de sensaciones.
 
Terminé de oír los once tracks. En unos días el disco regresará a su propietaria. Dejo mi auto en una calle sobre la lateral de Churubusco y subo a un puente peatonal que atraviesa la avenida. Veo mi sombra proyectada en el asfalto, admiro la ciudad y un solo pensamiento invade mi mente ‘sé que estas bien, porque la tarde esta linda y soleada’.    
 
Así murió mi aburrimiento esta tarde. Ahora sé que la música también sirve para explorar otros mundos y ser feliz.         
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Una respuesta to “Seducción Electrónica”

  1.  
    Bien.
     
    Ya que la música electrónica te alcanzó, te invito a dejarte llevar, a perderte un rato, a viajar. Si crees que la transformación que tuviste en el automovil fué una experiencia, te invito a que, durante una hora y media, te desprendas de tu atmósfera cotidiana. Uno de éstos sábados sintoniza 107.9 FM a las 22:00. Ahí nos cuentas, qué te pareció.
     
    Saludos.
     
     


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