el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Feliz aniversario señorita Nostalgia

Nublado a ratos, pero en su mayoría soleado, así es este mediodía de sábado. Es 4 de Noviembre, y apostaría que soy una de las pocas almas que recorren los pasillos de esta universidad en la que hace un par de años estudié. Así, sentado en una jardinera del llamado ‘edificio H’, solo, escribiendo en un viejo cuaderno estas palabras que hoy me parecen sin sentido. ¿Qué hago en este recinto de estudios que me vio terminar una carrera universitaria hace casi dos años un fin de semana que muchos se tomaron libre?, ¿encontrar respuestas?, ¿comprender una historia que desde hace años quedó inconclusa?. La verdad, estoy aquí para celebrar nuestro aniversario.
 
Sopla un airecillo fresco. Intento escribir pero no me sale nada. Si vieras mi cuaderno: palabras rayadas, tachadas… cosas que no sirven. Si he de ser sincero contigo, te diré que fallidamente pretendo redactarte una par de palabras coherentes, porque debes saber que hoy sólo quiero pensar en ti ¿algún día leerás estas palabras que sólo son tuyas?, ¿te incomodo si menciono tu nombre, que por años para mi fue oración?. Dicen que los caballeros no tenemos memoria, pero sabes, yo sí que la tengo. Por eso estoy aquí. Por necio. Porque no te quise. Te ame. Si el resto del mundo no quiere recordar ni mirar atrás yo lo haré: hoy, hace tres años me hiciste la persona más feliz del universo.
 
Tenía meses tras de ti. Algunas veces salimos. A veces cerca, a veces lejos, pero tú siempre diferente. Imagínate mi sorpresa el 4 de noviembre de ese caótico 2003, cuando me preguntaste si quería andar contigo. ¿Te acuerdas? (por favor, dime que sí) era martes. ‘El punto es’ que no sé que cara habré hecho, pero tire la mochila y mi bata blanca de laboratorio para mi clase de foto al suelo. ¿Te abracé o primero te dije que ‘sí’? No me acuerdo. Prefiero guardar en mi mente la alegría que en ese momento recorría cada parte de mi cuerpo. No olías a ningún perfume. Olías a ti, al amor más delicado que se consuma en un segundo y es capaz de perder en la tormenta de tu ternura al más incauto de los mortales. Te di ¿o me diste? un tímido beso en los labios. Si cierro los ojos aun siento la finura de tus labios, la suavidad y calidez de tu boca que me regaló un segundo en el cielo. Hoy en cambio, si pienso en ti sigo sintiendo ese cosquilleo en mi boca, pero con un pequeño toque insoportable de dolor. Aun a la distancia, puedes hacerme bien, puedes hacerme mal, y ni siquiera te importa.
 
Esa misma noche cuando se enteraron, mis amigos dijeron que mis ojos tenían un brillo especial. Hoy más que nunca confirmo que era el reflejo del azul de tu mirada, esa chispa me iluminaba. Y fui feliz, muy feliz, como pocas veces, como casi nunca. Al otro día estuvimos tomados de la mano, esperé a que salieras y te llevé a tu casa. El viernes de esa semana te compré un ramo de flores rojas. Una semana después cortamos y me rompiste el corazón. Meses después anduvimos, y rompimos de nuevo. Nuestra historia no se reduce a un día, pero hoy sólo quiero hablar del martes, del mes de noviembre, de esa noche en aquel tercer peso que observo desde donde estoy sentado. Solo en esta escuela me siento extraviado en el recuerdo. Haciendo preguntas al aire, a Dios y sobre todo a ti. ¿Dónde estarás ahora?
 
No te preocupes. Ya no siento nada por ti, o eso quiero creer… aunque sólo por hoy estas ganas de escribir tu nombre me está matando. Como hace tres años, hoy por primera vez sentí frío invernal.
 
Siento mis ojos rojos, una lagrima esta a punto de escaparse para siempre de mi. Así fuiste tú, como una lagrima que amenaza, suavemente acaricia tu mejilla y lentamente se pierde para siempre. ¿Por qué me afecto tanto este día, cuando hace uno o dos años ni me acorde de lo que había pasado?. ¿Serás tú o será que pasan los años y sigo solo, añorando?. No quiero ni pensar que ha pasado en tu vida o si compartes con sentimientos con alguien, mientras yo sigo igual, estancado y en pausa esperando quién sabe qué cosa. De cualquier manera, por más que quiera no podré ocultar lo mucho que me lastimaste… aunque te empeñes en hacerme ver a mi como el malo de la historia. 
 
Ha pasado una hora en la que más que escribir recordé cosas. Retrocedí el tiempo y ahí estas tú conmigo, yo contigo. Fundidos en un abrazo eterno. Le doy la vuelta al ‘edificio H’ y al recuerdo. Que se quede ahí, como guarida para refugiarme cada 4 de noviembre. Cierro el cuadernito y le pongo punto final a esta narración con unas palabras para ti: Sí, a veces pienso en ti. Sí, aun guardo las cartas y cosas que alguna vez te di y me regresaste. No me atrevo a verlas, las estoy guardando para cuando quiera hacerme mucho daño a mi mismo.

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