el incomprensible mundo de gabriel revelo
Just another WordPress.com site

Desesperando a la Ley (teoría y praxis)

Nada trascendente, poco divertida y muy común: así es esta historia cuyo único interés puede revestirse en el hecho de que es real y además puede dejar un útil consejo. ¿O será mejor decir ‘in-útil’? … depende, creo yo, de la perspectiva.
 
Sucedió hace unos días. Era cerca del medio día por los rumbos del Aeropuerto y Zaragoza (cerca de la calle de Economía), mi amigo Ángel y yo circulábamos a bordo de mi auto buscando una dirección a la que nos dirigíamos por motivos de trabajo (quesqué). Todo iba muy bien hasta que al narrador de estas líneas se le ocurrió girar en una calle que según las flechas en el concreto, era claramente de doble sentido. Por eso me sorprendí cuando al otro lado de la calle un par de policías, que tenían estacionada su patrulla en la esquina, me pidieron que me detuviera pues iba en ‘sentido contrario’.
 
La situación lejos de preocuparme la consideré divertida (no así mi amigo Ángel, que sutilmente me sugirió ¿y si les ofrecemos algo?). No -respondí- es la quinta vez que me detienen y nunca he pagado una infracción en mi vida.
 
El policía, bonachón como buen elemento de justicia del Distrito Federal me pidió, de acuerdo al guión de siempre, mi licencia de conducir y la tarjeta de circulación de mi vehículo. Amablemente se los di, no sin antes insistirle que jamás había un señalamiento que indicara el contrasentido de la circulación. Obviamente el ‘policeman’ comenzó a enumerarme distintos artículos de transito y leyes federales que amparaban a la ley, y obviamente me inculpaban a mi.
 
Una vez mi papá me dijo ‘Cuando te detenga un policía de transito, dile que te de la infracción, no le ofrezcas dinero ni nada. La mayoría de las veces, si llegan a levantar una multa tienen que hacer varios tramites y terminan por no hacer nada’. Y eso hice, insistir con que me levantaran la infracción en lugar de ofrecerle la clásica ‘mordida’. Yo notaba como los policías iban y venían con calma, como buscando desesperarnos para pedirle que nos ‘arregláramos de otra manera’. Como la verdad no teníamos la menor prisa dicha táctica no funciono.
 
Me entregó los documentos advirtiéndome lo caro de la infracción y la perdida de tiempo que significaría el acudir a pagarla en cualquier delegación. ‘De todas formas no tengo nada que hacer’, pensé. Siguió yendo y viniendo. Supongo que diez minutos después la cara de franca despreocupación y desfachatez que tanto Ángel como yo traíamos lo convenció de que perdía su valioso tiempo (y dinero) con nosotros. Me enseño la libreta de infracciones diciendo: mire, para que no diga que no voy a apuntar nada, aquí esta ya el block de las multas, misma que me dispongo a levantar ahora mismo’. De nuevo, me valió queso.
 
‘Ya váyase, con cuidado’, contestó no sin cierto aire de resignación. No me lo tuvo que decir dos veces. Abandonamos el lugar sin multa y con el contenido integro de nuestras carteras. 
 
Ahora que lo pienso, aquella patrulla en la esquina no tenía otra función que el buscar victimas inocentes como nosotros (más inocentes que victimas) para obtener algunos cuantos (o muchos) pesos extras, cortesía de la corrupción. ¿No sería mejor que patrullarán la zona, en lugar de quedarse estancados en un solo punto?. Obviamente sí. La calle de la infracción sigue en reparación y los señalamientos del flujo siguen confusos. Supongo que no faltarán algunos incautos que sigan dándoles dinero.
 
¿Recomendación final?. Primero el no alarmarse cuando sean detenidos por algún elemento de transito, siempre sonrían y encuéntrenle lo gracioso al asunto, háganle la platica a los oficiales, etc; generalmente los busca-mordidas se valen de los nervios de los infractores para obtener el dinero. Siempre pidan que les levanten la infracción, muchas veces, aunque les den el papelito para que paguen en las dependencias públicas, la mayoría de las veces ni siquiera las dan de alta en el sistema. Ahora, quiero aclarar que ni todos los policías son corruptos, ni tampoco es bueno estar violando la ley. Recuerden, estos consejos aplican para casos de emergencia.
 
Tampoco me tomen muy en serio: No me hago responsable si por seguir mis consejos terminan recluidos en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México.           

Ninguna respuesta to “Desesperando a la Ley (teoría y praxis)”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: