el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Dancing Night

Sucedió no hace mucho, y no sé por qué. O más bien sí sé, pero me gusta hacerle al idiota de vez en cuando (o de vez en mucho). De cualquier manera siempre termino haciendo todo lo posible por verla feliz, saltándome así las trancas que mi pena, bolsillos vacíos o gustos personales me imponen.
 
Era viernes. Salimos entre amigos. Corrección… Salimos ELLA, yo y los demás. Aunque pensándolo bien, eso sólo lo sabía yo, pues si se lo preguntarán, ELLA diría: Salimos los amigos; o Salimos él, los amigos y yo.  ——> y justamente ese ‘los amigos’ colocado en medio me da la impresión de a veces estar separados kilométricamente.
(por qué siento que el párrafo anterior esta pésimamente escrito y es sumamente confuso. No sé, no sé).
 
Voy a sonar repetitivo, pero no me importa (de hecho casi nada, fuera de ELLA). Lo haría todo por verla feliz. La gente puede decir que no tengo voluntad para ‘desenamorarme’, que tengo que conocer a más mujeres porque ‘un clavo saca a otro clavo’ y cosas por el estilo: prefiero preferir preferirla. Por eso cuando esa noche ELLA varias veces me sacó a bailar yo acepte. Aunque esta actividad no me guste ni tantito, aunque tengo dos píes izquierdos y la gracia de un Manatí, lo hice… por ELLA.
 
Por ELLA, por ELLA, por ELLA, por ELLA
¿Exagero si digo que éste pensamiento me ronda a cada instante?
 
No sé de dónde viene esta aberración mía por el baile. Es más, durante mi infancia era el típico ‘niño gordo’ que se ponía a bailar con las tías (igual o más gordas), y adivinen qué, era la sensación familiar. Paso el tiempo y dejé de ser el niño bailador. No sé por qué, supongo que un día un espíritu maligno del bosque se llevó mi animo y talento bailador. Desde entonces vivo secretamente aterrorizado de aquellos eventos sociales dónde la atracción principal es la pista de baile: XV años, bodas, graduaciones; todas son un suplicio para mi. En menor grado, ‘salir de antro’ con los amigos también requiere un esfuerzo. Si bien, uno por estar con amigos se la pasa hasta bien, al final me queda claro que la pasaría mejor en un café o bar.  
 
Si de plano ya no queda otra opción, prefiero bailar música moderna a popular. Pues siento que me veo menos ‘pintoresco’ moviéndome yo solo, a tener que guiar a una pareja (cosa que hago fatal). Incluso, recuerdo que hace muchos años, cuando preparábamos un baile para el día de las madres en la primaria, al intentar hacer girar a mi pareja del brazo, lo único que conseguí fue torcerle el brazo gracias a la ‘manita de puerco’ que le apliqué magistralmente. Pero esa noche de viernes lo que sonó fue merengue, cumbia, boleros, rancheras, charanga. En otras palabras, un ramillete de ritmos que me gustan, pero que no domino ni tantito.
 
Yo me hubiera pasado toda la noche sentado, tomando a veces cerveza, a veces Coca Cola, a veces Tequila. Me hubiera contentado con verla de lejos en la pista y de cerca, cuando entre canción y canción viniera a sentarse a mi lado. Pero esa noche ELLA quería bailar. Y cada que decía ‘vente, vamos a bailar’ su voz era como un imán que con invisible fuerza me ponía de píe y me llevaba a la temible pista, en la que claro, no di una. ¿Cómo decirle que no? ¿Cómo negarte a compartir aunque sea esa noche, esa pieza romántica con alguien como ELLA?. No es la primera vez que me pasa, y que bueno.
 
Pasamos así unas cuatro horas más. Los amigos, ELLA y yo. Y aunque en la pista no di bien ni un sólo paso ELLA me volvió loco. Tomar su mano, su cintura, verla a los ojos… esas cosas que sólo una mujer puede hacerte sentir y hacen que cuando llegues a la soledad de tu habitación, te quedes pensando como tonto en su olor, en sus ojos miel, en su cabello y en esa forma de ser tan alegre, tan suya.
 
Todo lo hago por ELLA: Vestirme de astronauta, cantar a media calle, comer hígado, no ver un partido de la selección, leer un libro de Carlos Cuauhtemoc Sánchez.  Días después compruebo que mi repulsión al baile sigue intacta, no obstante, sería correcto aclarar que de ahora en adelante, tiene una variante: todo depende de la pareja. Por eso, si ELLA ahora mismo me lo pidiera, bailaría como loco todo lo que fuese necesario, y en una de esas ¿por qué no?, el asuntito hasta termine gustándome.
 
Fue maravilloso bailar con ELLA. Le doy las gracias.     

Una respuesta to “Dancing Night”

  1. "La vida es un gran baile, y el mundo es un salon … yo que era un solitario bailando, me quede sin bailar, pero tu me fuiste demostrando, que el amor es bailar."

    Pa-pa pa-pa, re-u-ee-ooo.


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