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El malagradecido profesionalismo

Entre semana hubo fútbol.
En el Estadio Azteca jugó el Atlante contra los Tigres.
El jugador chileno, Sebastián González ‘Chamagol’, es uno de los máximos goleadores atlantistas.
Hoy, juega con los Tigres.
Antes ‘Chamagol’ no ganaba mucho dinero, pero metía muchos goles y era ídolo de la afición atlantista.
Ahora, en los Tigres, ‘Chamagol’ gana mucho más, pero sólo ha metido 5 goles en ocho meses.
Anteayer, por primera vez, ‘Chamagol’ regresó a su antigua casa, para enfrentar a su antiguo equipo. El recibimiento de la afición no fue lo que él esperaba. 
 

Por cuestiones de la vida no pude ir al estadio. Así que me resigné a ver a mi Atlante por televisión. No puedo negar que el partido contra los Tigres revestía cierto morbo para todos los aficionados por el recibimiento (bueno o malo) que se le podría dar a Sebastián González.

A lo largo de la transmisión, los comentaristas señalaban que las porra y barras atlantistas insultaban con diferentes gritos y cánticos al jugador andino. Muy lejos quedaron aquellos años en los que ‘Chamagol’ y los aficionados eran uno sólo. Él anotaba, nosotros enloquecíamos. Él festejaba originalmente imitando el comportamiento de diversos personajes de Chespirito. Nosotros adoptamos su forma de ser  y adquirimos una idiosincrasia de festejos y humorismo. Por eso, en Enero de este año cientos de atlantistas se sintieron traicionados cuando supieron que su héroe dejaba el equipo por motivos económicos y de desarrollo.

Al final, Atlante ganó 2-0. Los Tigres jugaron un partido para el olvido y Sebastián González no dio una. Se tropezó, falló, fue insultado. Horas después, su humilde servidor (satisfecho por la victoria de su equipo) manejaba por los rumbos de la Condesa preguntándose qué tan valida fue la actitud de la fanaticada Atlantista. ¿Verdaderamente puede cambiar tanto la simpatía o el rechazo por un simple ‘cambio de camiseta’?. En mi caso, he de decir que sigo sintiendo simpatía por Chamagol, he incluso, a veces duermo con la playera del ‘Chapulín Colorado’ que el adopto como su símbolo, y que en la parte posterior tiene un vistoso número 9 y el nombre ‘Chamagol’ bien impreso.

Dirán que es parte del profesionalismo, o hasta de coherencia humana, eso de cambiar para mejorar, quizá eso fue lo que hizo que Sebastián se marchara después de tres años y medio, a un equipo con mayor afición y poder adquisitivo. Hasta aquí, lo entiendo perfectamente, pero… ¿y el romanticismo?. ¿Dónde quedan los ídolos de antaño? Esos que se casaban con la camiseta del equipo de sus amores hasta la muerte. Eso es lo que uno como aficionado al fútbol espera: que quieran a su equipo, como uno lo hace. Al final, lo importante ya no sólo es romperse el alma en la cancha por un equipo, sino permanecer fiel a él.

Ahora, el párrafo anterior me dejó otra duda: ¿Qué tanto quiso Sebastián González cambiar de equipo?. Es sabido que en el fútbol moderno la compra-venta de jugadores muchas veces se negocia entre promotores y equipos, sin que el jugador pueda hacer nada, o peor, se entera hasta que ya esta vendido a otra institución. Por eso, que bueno que no hay aficionados profesionales, y puedo apoyar y defender al equipo y a los colores que amo. Talvez, al menos en el mundo del fútbol, el profesionalismo ya no sea lo ideal.

Mientras Chamagol era abucheado su rostro reflejaba mucha tensión. Y contradictoriamente, el profesionalismo le hizo mantener la calma y o dirigir ningún gesto de inconformidad o insulto a la afición. Puede ser que calló por respeto. O cariño a esa humilde gente que por años lo arropo y apoyo. O quién sabe.

Al final, una cosa es clara. Los  intereses económicos y el materialismo terminan por corromper cosas tan humanas, como el deporte y el cariño por un ídolo. Este miércoles el ídolo y jugador del Atlante fue el portero argentino Federico Vilar, actual figura del equipo. La afición lo quiere mucho. ¿Y si Dios no lo quiere, en unos años es comprado por otro equipo?. Toco madera.        

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