el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Susurro

Despiertas. Ayer, como casi cada noche, tuviste pesadillas. No hace falta que te esfuerces demasiado en recordar los detalles: los sabes de memoria. Siempre es el mismo sueño que desde hace meses se repite sin que sepas muy bien qué lo causa.

Aunque algunos detalles suelen variar, siempre te ocurre lo mismo: Te paraliza el miedo hasta que logras abrir los ojos y volver a la realidad de tu cuarto, suspirar aliviada y pedirle a Dios que las pesadillas se detengan uno de estos días.

Siempre es el mismo pánico, que te guardas para ti misma Fabiola, pues nadie debe saber que a tus diecinueve años a veces mojas la cama por los intensos ataques de miedo que sufres después de cada pesadilla. Por eso casi nadie sabe tu secreto. Pensarían que estas loca o exagerando, tal y como Mamá te dijo hace unas semanas cuando te reprendió por haber ensuciado, a tu edad, las sabanas. Después te mando durante un mes entero al psicólogo que afirma, padeces ataques de ansiedad.

Pobre de ti Fabiola. Que cada noche sueñas con estar acostada en el polvoso piso de un frío y viejo cuarto de piedra. Lleno de ratas a las que oyes correr por aquí y por allá, imaginando su cercanía a causa de la obscuridad casi total del recinto, apenas violada por una pequeña rendija que deja entrar un insípido rayo de luz. Durante la pesadilla, intentas moverte desesperadamente, y no puedes. Tu cuerpo esta rígido, como muerto. Paralizada notas como los espesos cabellos de los voraces roedores invaden hostilmente tus brazos, entrepierna, vientre y cuello. Algunos empiezan a morderte. Y sabes, porque esta historia la vives cada noche, que la peor parte esta cerca. Siempre, aunque estas perfectamente consciente de que no debes hacerlo, diriges la mirada al techo manchado de sangre… y la miras. No sabes muy bien quién o qué es aquel cuerpo de toscos rasgos femeninos y vestido blanco, desgarrado y percudido, que siniestramente flota justo arriba de ti. Su piel, de una tonalidad negrusca-azulada es repugnante, aunque en nada comparada con la expresión de dolor en su rostro en descomposición y franco rictus morten. Más horribles son sus amarillentos y podridos ojos, que te miran fijamente. Pobre de ti Fabiola, que a estas alturas del sueño rezas para que todo termine. Y en cambio, sientes como caen sobre ti hilos de sangre podrida y maloliente, provenientes de aquel mortífero ser que sorpresivamente empieza a llorar, gritando frases que no comprendes, pero que laceran tus oídos y llenan tu alma de muerte. Con la poca razón que te queda, notas como aquel cadáver viviente se abalanza sobre ti. Y despiertas temblando. Así es casi cada noche. Por eso odias cuando cae la tarde. Porque se acerca tu calvario secreto.

Por eso, ¿Qué va a ser de ti Fabiola, ahora que tus papás salen al extranjero una semana, gracias a un viaje de negocios?. Durante el día, sabes cuidarte muy bien sola, pero… ¿qué tal de noche?.     

* * * * *

Hace tres días, Fabiola, llevaste a tus papás al aeropuerto. Desde entonces te has hecho cargo de ti misma. No ha sido difícil. Por la mañana vas a la escuela. Saliendo prefieres dirigirte a casa de una de alguna de tus amigas o escapas a un centro comercial, donde dejas que pase el tiempo. Te da miedo estar completamente sola. Sin embargo, y para tu sorpresa, hace una semana que no has tenido pesadillas. Has tenido, en cambio, sueños ‘normales’ en los que todo es luz, color y felicidad. Tampoco has mojado la cama, y comienzas a pensar, un tanto en broma, un tanto en serio, que talvez tienes alergia a tus padres.

* * * * *

Dos días más, y ni rastro de las pesadillas. Te sientes tan bien que hasta hoy disfrutaste un bello atardecer, que anunciaba la llegada de otra noche, libre de horror.

* * * * *

Cuatro días después, y uno antes de le llegada de tu familia. Has olvidado todas tus preocupaciones y volviste a reír. Feliz piensas que esta tranquilidad será el comienzo de días de paz.       

* * * * * 

Es jueves en la noche. Decides irte a dormir justo cuando va terminando el último programa de la barra de entretenimiento de Canal 5. Revisas que las cerraduras de las puertas estén correctamente cerradas, le dejas a tu perro ‘Bombón’ comida en su plato y apagas todas las luces de tu casa.

Noches atrás tardabas mucho en dormirte, en esta ocasión solo te llevó un par de minutos. Al principio no sueñas nada.

Después te encuentras en una playa con tus papás, tus abuelos y hasta tu prima Arlet está contigo. En el sueño eres feliz haciendo un castillo de arena, que se viene abajo por culpa de una ola.

Entre sueños sientes frío. Sin abrir los ojos sientes que tus sabanas están amontonadas en tus pies. Las jalas con un movimiento automático y sigues dormitando.

Ahora estas en tu salón de clases. Aunque sólo estas tú y Ernesto, tu amor platónico. La platica marcha tan bien, que no te sorprende que súbitamente te pida que seas su novia. Obviamente aceptas, cerrando el pacto con un beso. De este sueño si que no quieres despertar.

Una vez más sientes que estas destapada. Ni siquiera te inmutas en voltear y buscar las sabanas. Vuelves a jalarlas con un movimiento automático. Te tapas de nuevo. 

Caminas con ‘Bombón’ por un  bello campo verde, lleno de flores de las más variadas especies y colores. Hasta ti llega la humedad del lago con la que el viento se encarga de refrescarte. Sientes el cálido sol, acariciándote la piel.

Un poco de frío. De nuevo las sábanas al pie de tu cama. Un poco cansada piensas entre sueños y sin abrir los ojos si dormir destapada o no. Optas por taparte, una vez más.

Estas afuera de tu casa, a obscuras y en silencio te preguntas en dónde estarán todos y por qué están las luces apagadas. ¿Acaso no habrá nadie?. Con miedo introduces la llave en la cerradura y lentamente abres, esperando encontrar lo peor. Y entonces un grito de ¡Sorpresa! invade todo. Es una fiesta en tu honor Fabiola. Ahí están todos tus primos, tus papás, tus amigos, y hasta Ernesto.

Ya ni sorpresa hay. De nuevo destapada. De nuevo te tapas. Sin voltear o siquiera abrir los ojos. No recordaras de que fueron los próximos tres sueños que tuviste, pero si que de nuevo sentiste frío y que de nuevo jalaste las sábanas hacía ti. Insomne te causó gracia este juego de las sábanas que atribuiste a lo mucho que de seguro te moviste por lo realista y feliz de tus sueños. Así pasan las horas de esta noche, entre un desfile interminable de historias alojadas en tu subconsciente.

¿Serán las tres de la madrugada? El frío roza uno de tus pies. Un poco fastidiada de tu forma de dormir, te das cuenta de nuevo de la ausencia de las sabanas y un pensamiento absurdo recorre fugazmente tu pensamiento… ¿Y si ella esta ahí?. Estas acostada boca arriba sobre tu cama, temiendo abrir los ojos para encontrar a esa horrible criatura suspendida sobre ti. Sudas frío. Y de repente, con valentía abres los ojos y diriges la mirada al techo de tu cuarto. No hay nada. Inmediatamente los cierras y caes en un nuevo y profundo sueño.  

Ahora eres una súper estrella. No sabes cómo paso, pero estas cantando ante diez mil fanáticos que vitorean tu nombre y la letra de una pegajosa canción pop que interpretas. Ves tu nombre en pancartas repartidas a lo largo de las tribunas de aquel gigantesco auditorio. Y sigues cantando aquella canción rosa: Llévate mi vida la vida, pero no me dejes la melancolía. Detrás de ti, un juego de luces acompaña tu belleza.

Frío de nuevo. Un poco harta de que tus sueños terminen en la mejor parte abres los ojos y te inclinas hacia tus pies para botar las sabanas de una vez por todas. Y de repente la vez al pie de tu cama. Más cerca que en tus sueños, despidiendo esa luz verdosa que la cubre y ese hedor maldito que es más real que nunca. El mismo vestido blanco, la misma piel cangrenada y agusanada. El mismo rostro, entre hinchado y huesudo. Sus cabellos escasos y canosos. Y los mismos ojos amarillentos y llenos de pus apunto de estallar. Sientes que pierdes el control de tus esfinteres, un chorrito de orina recorre tus piernas. Ya no sabes que hacer Fabiola, quieres correr, gritar, pero no puedes, tu cuerpo se volvió pesado de repente y no te obedece más. Sólo puedes llorar y ahogarte en espasmos, justo cuando eso que tienes enfrente comienza a gritar con su voz horrible frases que no entiendes pero sabes, anuncian tu muerte. La vez acercarte a ti Fabiola, mientras oyes a tu perro ladrar.

* * * * * 

Es viernes por la tarde. Y tus papás Fabiola, no se explican porque no has ido por ellos a la terminal aérea, ni porque no contestas el teléfono de casa o tu celular. Más enojados que preocupados toman un taxi que de seguro, hasta el centro de Tlalpan, les saldrá carísimo. Llegan y después de tocar una y otra vez el timbre sin respuesta, abren la casa que esta cerrada con llave. Descubren que todo esta ordenado, y en silencio. Después de gritar tu nombre una y otra vez se dan cuenta que no estas. Un poco alarmados buscan en la cocina, el estudio, la sala y el baño de la planta baja. Nada, ni rastro de ti. Cuando tu mamá entre a tu cuarto se ahogará en un grito de dolor. Tu papá la escuchara y acudirá enseguida para darse cuenta del porque su mujer yace desmayada en el piso de tu dormitorio: Todas las paredes de tu cuarto estarán llenas de sangre, en el piso verá algunos restos de ‘Bombón’ muerto y despedazado brutalmente. Y en medio de la cama. Sentada, con la mirada perdida y los ojos amarillentos tú Fabiola. No responderás a los llamados de tu padre que llorando te preguntará que paso. Tampoco volverás a ser la misma nunca más Fabiola.

* * * * *

Soy un alma en pena. No puedo matar. Pero si pude volverte loca y hacerte perder la razón Fabiola. Y creo, debe ser peor que la muerte. Para las almas condenadas eternamente en el infierno, el susurro del miedo ajeno se convierte en nuestro único consuelo. 

Gabriel Revelo – Agosto 2006

Basada en una historia de la vida real.

2 comentarios to “Susurro”

  1. Estaba releyendoa una personita, y me vino a la mente…
     
    Basado en una historia real  …De quien??

  2. es curioso, como sucede en todas estas historias es clásico decir: le pasó al amigo de un amigo…
    pues bien. esta historia le paso a la amiga de un amigo q tú y yo tenemos en común, cuyo nombre comienza con r… y tiene un hermano al q le gusta el box…
     
    saludos!


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