el incomprensible mundo de gabriel revelo
Just another WordPress.com site

Intervenciones en Churubusco

Que tu historia sirva para seguir engrandeciéndote
 
En el rumbo de Coyoacán, a unas calles de calzada de Tlalpan, se encuentra el ‘Museo Nacional de las Intervenciones’. Mejor conocido como el Ex convento de Churubusco, descubrí este lugar casi por accidente, o más bien supe que era, pues ya había pasado infinidad de veces por ahí sin saber de lo que me estaba perdiendo.
 
Sucede, que un domingo salimos a pasear con mis abuelos, en realidad sin rumbo fijo. La idea original era pasar unas horas en el centro de Coyoacán, y de ahí buscar algún sitio donde pudiéramos comer tranquilamente. Honestamente, yo no quería ir a ningún lado, pues era un domingo nublado y prefería disfrutarlo desde la comodidad de mi hogar, plan que fue interrumpido por mi abuelo y su costumbre de, aún a sus ochenta y seis años, salir y conocer cuanto pueda. Aclarado lo anterior (que supongo, ni a quién le importe) prosigo mi relato. Iba manejando por la Avenida Héroes del 47, cuando un letrero la atención de mi mamá, en él se indicaba que el Museo Nacional de las Intervenciones’ se encontraba en dirección derecha, dando vuelta por Avenida del Convento. Mi mamá sugirió ir, mis abuelos se emocionaron con la idea, mi hermana y yo íbamos con cara de pocos amigos y ganas de que el paseo dominical terminará cuanto antes.
 
Para mi sorpresa y como ya mencioné, el museo es en realidad un Ex convento en medio de un parque que ya conocía, pues cuando iba a la Universidad a veces pasaba por ahí para ‘cortar camino’. Ese lugar, con sus casas estilo antiguo y el suelo empedrado hicieron que antes, gracias a mi ignorancia, llamará a ese lugar ‘el parquecito romántico’. Y bueno, ya que estoy ventilando cosas que no vienen al caso, siempre que pasaba por ahí me decía que si algún día llego a entregar un anillo de compromiso, sería justo en ese lugar tan bonito.
 
Por ser domingo entramos gratis. Ya de entrada, el lugar prometía, pues es enorme y todo esta perfectamente cuidado. Lo primero que vimos fue el huerto, que gracias a las lluvias de días anteriores despedía un olor a tierra de campo mojada (algo que cuesta trabajo aspirar en esta ciudad). Cuesta creer que hace un par de siglos, por esos pasillos circulaban monjes. Después, fuimos a la cocina, y nos topamos con otro lugar mágico. Lleno de trastes y cazuelas del siglo XIX, que nos dan una idea de que en esa época, quizá más que ahora, cocinar es un arte . Imagínense una caldera gigantesca, cuya chimenea de varios metros de altura daba un toque tétrico gracias a sus paredes negras. Había otro cuarto llamado ‘el baño de los placeres’, que era donde los monjes tomaban baños de vapor en una especia de tina decorada con unos hermosos mosaicos. Para este punto del recorrido, mi mal humor se había transformado en gozo, realmente disfrutaba mucho el estar en aquel lugar y lo mejor de todo, es que aun me faltaba ver todo.
 
Una vez que entras a la nave principal del convento, uno entiende porque el museo se llama así: De las intervenciones. Sucede que en este recinto se exponen una gran cantidad de documentos, pinturas, armas, fotografías, periódicos, muebles, banderas y demás artefactos provenientes de todas las guerras que México a sufrido en su propio territorio. Es decir, aquellas en las que el enemigo a invadido o intervenido físicamente en nuestra patria. La intervención francesa, el imperio de Maximiliano o las dos invasiones norteamericanas son algunos ejemplos. Y es aquí cuando el recorrido por estos inmensos salones y pasillos se va como agua, y el corazón y el alma también, pues sólo cuando se explora a fondo la historia, las épicas batallas y la grandeza de nuestro pueblo, entendemos lo majestuoso que es México. Aunado a todos los objetos en exhibición, a lo largo del recorrido hay frases acerca del sentimiento patriota que nos da una idea de la gallardía con la que miles de mexicanos han estado dispuestos a defender su patria con la vida misma.           
 
Hay varias banderas mexicanas, algunas como el estandarte guadalupano, la del águila real o la del ejercito trigarante, y el corazón da un revuelco cuando las ve manchadas, desgarradas por la guerra, y sin embargo, más gallardas que nunca. Hay también una bandera norteamericana, igualmente, estrujada por las huellas de las batallas, y varios mapas en la que podemos ver como el territorio nacional se ha ido transformando en los últimos dos siglos.
 
Aprendí mucho, por ejemplo, me enteré de que durante la intervención norteamericana del siglo XIX varios ciudadanos irlandeses dieron su vida por combatir a lado de los mexicanos. Por supuesto, el nombre de estos valeroso extranjeros se encuentra en una columna de piedra en una de las salas, y ahora también en mi corazón, pues lucharon como auténticos mexicanos contra el enemigo.
 
Miraba el carruaje de Juárez cuando escuche una lejana voz cantando ¿en un museo?. La voz se intensificaba mientras pensaba si me estaba volviendo loco y un fantasma o alma en pena se dirigía hacía mi. Ni una ni otra. Quién venía hacía mi era el Emperador Maximiliano. No, no estoy loco. Era él. Vestía su elegante traje de emperador, tenía su inconfundible barba rubia y hablaba (mejor dicho cantaba) amargamente sobre su amada, la emperatriz Carlota. La explicación a este disparate es simple: Todos los domingos de Julio y Agosto, en el Ex convento hay visitas guiadas por diferentes personajes históricos. El dichoso recorrido vale $15.00, por lo que vi, parece que vale la pena; tanto que estoy pensando en volver y tomar este original recorrido.
 
La parte final es simplemente genial. Varios cuartos son dedicados a pinturas religiosas del México post colonial, así como escultoras eclesiásticas que le dan al lugar un toque impresionante. Al final me senté por unos minutos en uno de los pasillos que con la humedad del día comenzó a tornarse frío, disfrutando de toda la historia que me rodeaba e invitaba a la reflexión. Media hora después compré unos chicharrones harina afuera del museo, me retire con toda mi familia y mientras recorría esas calles empedradas con dirección a División del Norte comprendí que aun me falta mucho, quizá demasiado, para conocer al menos una parte de las alternativas que la Ciudad de México me ofrece.
 
Visita el Museo Nacional de las Intervenciones en las calles 20 de Agosto y General Anaya en la Col. San Diego Churubusco. A una calle del metro General Anaya.         

Ninguna respuesta to “Intervenciones en Churubusco”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: