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Viaje al centro del populismo

La situación es grave, pues una ciudad tan grande no puede ser coartada en sus principales vías de comunicación sólo por el capricho de unos cuantos, que, ni representan la voluntad del pueblo, y ni siquiera saben bien que es lo que quieren

Salí de la estación del metro Xola y fue como si volviera de otro mundo. Aún ahora, media hora después, me parece mentira que la Ciudad de México tenga tantas realidades y escenarios… claro ejemplo de lo que hoy es, y pasa en el país. Vengo llegando del Centro Histórico, caminé un gran tramo del campamento perredista y percibí tantas cosas, que lo mínimo que puedo hacer es escribirlo.

Antes de continuar, me gustaría aclarar que no era mi intención visitar estos campamentos. Mi presencia por esos rumbos realmente obedeció a circunstancias completamente ajenas. Sucede, que me cité con mi amigo Isaac en el campus San Rafael de la UVM, cerca del monumento a la Revolución y Reforma, pera charlar y arreglar algunos asuntos referentes a un proyecto que traemos entre manos. Después de haber sido olímpicamente plantado (o eso supongo, sigo esperando una explicación) decidí emprender el camino de vuelta y fue ahí cuando como siempre, me ganó la curiosidad. Yo no sé si estas ganas de no perderme las cosas trascendentes algún día vayan a traerme un problema mayor, o en el mejor de los casos, darme experiencias para escribir. Poco antes del ‘Caballito’ de Sebastián, comencé a transitar en medio de Reforma, pero la sensación es rara. Me senté a media avenida, sin el temor de ser arroyado por un automóvil y me puse a observar todo lo que pasaba a mi alrededor.

Si han visto las noticias en los últimos tres días, sabrán que los campamentos van desde la plancha de zócalo hasta la torre de Pemex. Hay uno por cada estado del país (31), más otros 16, uno por cada delegación política del Distrito Federal. Me dieron ganas de caminar, y ver, si de casualidad podía llegar hasta la Plaza de la Constitución caminando. Sucede que sobre Reforma no hay mucha gente. Tramos de la avenida se encuentran bloqueados sólo por un par de casas de campaña, algunas pancartas y uno que otro simpatizante de AMLO. Me llamó la atención todas las lonas y los soportes de éstas cubriendo varios kilómetros. ¿Tendrá algo que ver el gobierno de la Ciudad de México?. Lo digo porque los campamentos, al menos en Reforma, están muy bien montados y apoyados por una buena infraestructura.

Hasta este punto, mi recorrido no me había ofrecido nada digno de ser señalado. Pero llegando al cruce con Bucareli (abierto a la circulación) el concierto de mentadas de madre gritadas y a claxonazos no se hizo esperar. Comprendo a los automovilistas, yo, de haber ido en el mío y estar aguantando ese tráfico infernal hubiera hecho lo mismo. Los de la coalición por el ‘Bien de Todos’ (que al final ni tan de todos, porque media ciudad ha sufrido mucho por su culpa gracias a los bloqueos) respondían con insultos igual de fuertes y/o creativos. Aunque generalmente, el grito ‘Voto por voto, casilla por casilla’ era el que más usaban como escudo para los insultos.

Mientras más caminaba, más cuenta me daba de que vote por quién debía, y no por López Obrador. Aunque admito, no sin un poco de diversión y desvergüenza, que cometí varias imprudencias en un sitio en el que AMLO es considerado poco menos que un Mesías. Varias veces me colé en conversaciones de los simpatizantes amarillos para escuchar argumentos como ‘esta vez si va en serio’, ‘ahora sí, el pueblo esta unido, esto debimos haberlo hecho desde hace años, en tiempos del PRI’, ‘por eso bloqueamos Reforma, porque está llena de empresas bancarias y financieras que siempre han descuidado a los pobres’, ‘esto apenas es el comienzo, vendrá más gente de Iztapalapa, del Estado de México, de Xochimilco’. Supongo, y así se lo exprese a un grupo de ellos, que no han salido en los últimos tres días de esta zona, pues el resto de la ciudad, y del país, sigue su curso y no como ellos piensan, que todo está detenido.

De vez, tratando de ser muy respetuoso, debatí con algunos perredistas. E incluso, me permití escribir un mensaje en contra de AMLO en unas pancartas gigantescas que siguen el recorrido y en el que normalmente se escriben mensajes de apoyo al candidato del sol amarillo. Vi muchísimas cosas más: una cancha de fútbol, juegos de feria, anuncios de diferentes espectáculos y eventos culturales y políticos a lo largo y ancho del cerco. Gente preparando comida para quiénes quisieran tomar alimentos, mas casa de campaña, propagandas, pancartas, mantas, televisiones dónde se transmitían los mensajes de Manuel Andrés López Obrador (así se llama en realidad, MALO). Todo esto, y más. Muñequitos, camisas, discursos por aquí y por allá. Cuando menos me di cuenta llegué caminando por la calle de Madero al corazón del Zócalo capitalino para darme cuenta si en Reforma los campamentos y el ambiente lucen un tanto fríos, al final del recorrido lo que abundan son los simpatizantes… y también el ambiente.

Llámese de confusión, de optimismo o de unión. Lo que sobra es ambiente. Buscando la entrada de la estación del metro Zócalo me perdí en medio de inmensas carpas que hacían de dormitorios, y a la vez de cocinas. Gente dormida, despertando, comiendo. Un autentico hormiguero, en eso esta convertido uno los lugares más hermosos de la ciudad. Antes de retirarme, bromeé con una vendedora que ofrecía fotos y playeras con el rostro de López Obrador. Sonriendo le pregunté si no tenía de Calderón, ella, respondió riendo que no. Y con esto me quedo.       

La situación es grave, pues una ciudad tan grande no puede ser coartada en sus principales vías de comunicación sólo por el capricho de unos cuantos, que, ni representan la voluntad del pueblo, y ni siquiera saben bien que es lo que quieren. Más peligroso es la desunión que se está generando en la población. No es nada agradable ver cómo tanto panistas como perredistas se insultan a todas horas y en diversos lugares. Al final, todos somos mexicanos, en su inmensa mayoría hombres y mujeres de bien que luchamos por lo que creemos y que sin distinción, lo único que queremos es un mejor país. Por eso, conforme avanzaba en mi caminata dejé de sentir rencor por estas personas que son como yo, ni más ni menos. Tenemos diferentes puntos de vista sobre política, y hasta allí. Quiero dejarlo clarísimo, durante toda mi estancia en el Zócalo fui tratado con mucho respeto por todos, y eso lo agradezco y valoro como parte de la democracia.  

A quienes sigo teniéndole muchos reproches y reclamos es a Bernardo Batiz, quién de plano no tiene vergüenza ni los suficientes tamaños para gobernad. Dicho con todas sus palabras: Me da asco señor Batiz, eso que usted y López Obrador hacen en complicidad es fascismo. Manejar el reglamento a su conveniencia y decidir por sus calzones que hacer con la ciudad es totalitarismo. Desinformar así a la gente y traerlos por todos lados con mensajes confusos y carentes de sustento y lógica es populismo.

Espero de corazón que el TRIFE de su falló y sea cual sea, todos lo aceptemos. En mi opinión este mega bloqueo y las protestas que exigen el ‘voto por voto’ se irá desinflando. Pues la masa del zócalo no es tanta cómo para pensar que refleja un sentimiento nacional. El que Obrador le exija a Calderón que acepte el recuento de las casillas no hace sino demostrar su desconocimiento del código electoral, pues acepte o no acepte el panista, la decisión sólo depende del Tribunal Electoral, y hasta ahí. Dicho sea de paso, si llegará a declararse nula la elección, el que peor saldría parado es el propio López Obrador. Después de tanta necedad, hay mucha gente que voto por el PRD y hoy se encuentran francamente convencidos de que no lo volverían a hacer.

 Me da coraje ver el hermoso Centro Histórico de mi Ciudad así. Sitiada sólo por la necedad de quién forzosamente quiere el poder y no le importa llevarse entre las patas a comerciantes, empleados, leyes, empleos y negocios entre las patas. Hoy viaje al centro del populismo, y como en la novela de Julio Verne estoy convencido de que me gusta más el mundo exterior.     

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