el incomprensible mundo de gabriel revelo
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La noche que no dormí

“Ante las miradas de todos y la indiferencia de otros,

ya no sabía si estar desconcertado

o enojado contigo.”

 

¿Será verdad todo esto que me atormenta? Es la quinta vez que despierto en la madrugada, aunque pensándolo bien, creo que llevo horas en vela, dando, simplemente, vueltas a la cama. Sí, mi reloj despertador no miente: apenas son las seis de mañana. Inútilmente vuelvo a perderme en cálculos idiotas y holgazanes. ¿Hace cuanto tiempo que no te veo? Respuesta: El mismo que llevo atorado en este infierno de bajo presupuesto que es mi cuarto insomne.

 

Y el sueño, que buena falta me hace, sigue sin llegar. Aunque, probablemente no hago lo posible por que éste acuda a mi. Estoy sentado en mi cama sin destender. Con la camisa desabotonada y el incomoda pantalón de vestir, que a estas alturas pica. Una botella de vodka que hace horas esta vacía. Indudablemente, en estas condiciones jamás voy a dormirme. Todo esto pasa, mientras en la televisión, finjo ver un infomercial infumable. La cabeza me da vueltas, y siento asco del aroma que ahora despido… cigarro, alcohol y loción, mezclados de tal manera que elegantemente podría vender la formula y llamarlo ‘Fracaso y derrota No. 5 by Chanel’ 

 

Discutimos por última vez, afuera de tu casa, a la 1 de la mañana. Después terminamos. Pensé que te mostrarías un poco arrepentida por tu conducta, que mínimo, estarías dispuesta a darme alguna explicación. Ni una, ni otra. Cuando te encaré te hiciste la ofendida, la que no había hecho nada, y de paso, me hiciste sentir culpable; tanto, que no puedo dejar de pensarte y sentir que gracias a mis impulsos estoy a punto de perderte. Estoy llorando corazón mío ¿Tú estas igual?. No. De seguro ya estas dormida. O lo que sería bastante peor. Llegando a tu casa le marcaste y ahora estas con él.

 

Me resulta curioso, y hasta una jugada maestra de tu parte. ¿Desde cuando sales con él? ¿Acordaron juntos esta tremenda broma sin sentido en la que enredaron?. No lo sé. Pero fui un inocente al aceptar ir contigo esa noche de sábado, a ese antro de moda y carísimo, cuando a ti, hasta donde sabía, este tipo de lugares no te gusta. Recuerdo que me pediste que fuera a la barra por un Martini, prometiéndome bailar conmigo en cuanto regresara. ¿Cómo negarme después del tierno beso que acababas de depositar en mis labios?. Por cierto, no sabes el terror que me da pensar que ese instante, antes tan cotidiano, ahora pueda ser considerado como el último. Regrese. Ya no estabas. Al principio pensé que habías ido al baño. Media hora después comencé a preocuparme. Pregunte por todos lados por ti. Dos horas después, ya había recorrido todo el lugar unas veinte veces. Ante las miradas de todos y la indiferencia de otros, ya no sabía si estar desconcertado o enojado contigo. Afortunadamente. Corrijo. Desafortunadamente. Era tanto el ridículo que estaba haciendo, que el encargado de la puerta me dijo que hacia más de una hora que habías abandonado el local. Salí, justo cuando una famosa canción regettonera cimbraba el tugurio.   

 

A partir de aquí, es dónde tu maquiavélico plan se torna más cruel. ¿O cómo explicas que justo afuera del estacionamiento donde deje mi automóvil estuvieras con él?. Te devoraba, o mejor dicho, se devoraban a besos. Sus manos inquietas te buscaban. Tus ojos verdes y perversos, se hundían en los suyos. Y yo, justo frente a ti, tonto de confusión y sin saber si lo que estaba viendo tenía como causa las copas que horas antes había ingerido. Pensé en gritarte, en partirle a él la cara y en armar un escándalo. No sé ni cómo me contuve. Quizá no quería pasar la noche en la delegación, quizá la confusión del momento. Siempre quizá.

 

Repentinamente dejaron de besarse. Ambos reían, felices de tenerse en esas circunstancias y en esta, para mi, noche maldita. Y en un segundo que me pareció eterno, tú, él, ambos, dirigieron su mirada ante mí. Lo insulté. Y en un segundo que me pareció fugaz le lancé un golpe. Falle. Él no. De tres golpes me mando al suelo. Se alejo. Tú sólo te despediste de él. Caminaste hasta mi como si nada hubiera pasado y me pediste que te llevara a tu casa. Ya en el interior del auto, atravesando las solitarias calles de la ciudad, el silencio se apodero de nosotros. Me limpio los restos de sangre de mi boca y, te pedí, creo que lo más tranquilamente posible, me explicaras que era lo que había visto, por qué había pasado, quién era él. Luego te enojaste. Me dijiste que no soy tu dueño, que eres libre de hacer lo que quieras y sobre todo, que no tenía motivo para enojarme por nada. Llegamos a tu casa y de nuevo te reclamo. Ni siquiera el recordarte que teníamos dos años de novios fue suficiente. ¿Qué te paso corazón, cuándo y por qué dejaste tu bondad de lado?.

 

Dijiste que todo se había acabado entre ambos, que el único culpable era yo. Y me rebaje ante ti, sabiendo que no era culpable de nada te pedí disculpas. Las mismas que despreciaste. Y te marchaste. Y ya no sé que hacer.

 

Te marcaré en unas horas, después de que salga el sol. Sé, por tu orgullo y porque te conozco, que no cambiaras tu postura. Sigo sin entender qué paso. Espero, al menos, que esta resaca del corazón se me pase pronto, pues justo esta empezando ‘En Familia con Chabelo’ y me siento tan confuso y traicionado, que ni el mejor analgésico podría sacarme de este terrible amanecer de domingo. Hoy no dormí. Dudo poder hacerlo mañana.

 

* * * * 

 

Es fácil encontrar a Edmundo y Lorena, los fines de semana, en la zona sur de la ciudad. Entregados a su amor que desde hace semanas, decidieron, dejara de ser clandestino. Ambos, son felices de que la pasión haya triunfado sobre la moral y la rutina.

 

En cuanto a Norberto, sé cuenta que desde hace meses perdió las ganas de vivir. Se le puede ver, algunos domingos por la mañana, recorriendo confundido las calles de la ciudad. Con una foto de Lorena en la mano, apretada al corazón.

 

 

Gabriel Revelo

Junio 2006

     

2 comentarios to “La noche que no dormí”

  1. Como no robarme el corazón con semejante historia, no me gustaría imaginar que algo así realmente sucedió, se que guardaste su identidad, aunque se te escaparon algunos recuerdos donde la delatabas, no sabes como he disfrutado el leer esto que escribes mi "Gabal".
     
    Te mando un beso y es una pena enorme para mi el que no pueda leer esa revista en la que participaste, pero prometo leer tu primera novela… y te advierto desde ahora, soy tu ferviente lectora…
     
    Con todo mi amor…
                                                                                              Alondra Armenta.

  2. muchas gracias alondrita, siempre me pones de buenas… la verdad, no merezco tantos halagos, mucho menos de una persona tan inteligente, sensible y linda como tú. voy a mandarte lo de la revista aunq sea vía mail, porq la verdad tu opinión siempre ha sido oro puro para mi.
     
    la novela se tardará unos cinco años, soy muy indisciplinado para escribir ja ja. pero bueno, si logré mover alguna fibrita de tu interior con mis palabras sin sentido, me considero afortunadisimo.
     
    gracias por tu amistad, por creer en mi, y sobre todo por aparecer cuando lo necesito. prometo escribirte un mail en estos días.
     
    tqm. 


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