el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Sumatra

* * * *

 

– Al otro día, después de un ligerísimo desayuno partimos rumbo al hospital en uno de los camiones que la UNICEF, había hecho llegar hasta la Isla de Sumatra. El recorrido fue de unos 8 kilómetros a lo largo de los cuales encontrábamos siempre el mismo panorama desalentador. Ruinas, muerte y mucha soledad, que lamentablemente es lo que sobra en ese lugar.

 

El tan nombrado hospital no era otra cosa que un conjunto de carpas de color blanco (ahora grises a causa de la arena del mar, el polvo y los escombros). Al descender un fuerte olor a formol nos dio la bienvenida; inmediatamente nos pusimos a las ordenes del comandante John Pérez, de descendencia latina, lo que facilito nuestra comunicación con él.

 

Nos explicó que aquel hospital atendía cerca de 350 heridos graves, la mayoría necesitaba con urgencia medicamentos y equipo medico.. ‘los médicos militares realizan cerca de 25 cirugías al día, es un trabajo complicado y de alto riesgo, pues las condiciones en las que operamos son demasiado precarias’ dijó John, quien también nos dio instrucciones para realizar labores de apoyo dentro del inmueble, para darles una idea más clara, su estructura esta compuesta por varias zonas, cada una compuesta por una inmensas salas llenas de camas, camastros y catres llenos de heridos.

 

Nuestro grupo integrado por los 11 topos y Islam, nuestro guía y traductor, se dividió en cuatro grupos de tres personas cada uno para poder abarcar diversas zonas del nosocomio. En mi caso, mi equipo estaba conformado por Joaquín y Silam, y el área que tendríamos a nuestro cargo sería la de los niños.  Fuimos guiados hasta esa zona, en aquella sala repleta de médicos que atrabancadamente iban y venían con camillas por aquellos estrechos pasillos.

 

…A nuestro lado paso un pequeño cuerpo… cubierto con una sabana ensangrentada, carente de vida y de ilusión; tan solo pasan segundos, y del lugar siguen saliendo cadáveres de niños casi con la misma frecuencia con la que otros llegan a ocupar sus lugares…

 

…y este cruel espectáculo del destino parece no tener fin…

 

… Un lamento por aquí, un grito por allá, ahora al otro lado se escucha un llanto ensordecedor que rompe el silencio y mi alma en mil pedazos. Sangre, niños con sus extremidades cangrenadas para los que su única esperanza es la amputación, bebes atacados por mortíferas infecciones en la piel, adolescentes victimas del siempre feroz cólera y maldita malaria, niñas ardiendo en fiebre… Así son los sonidos de ese lugar.   

 

Disculpen que tiemble, que mi voz se entrecorte y mis ojos amenacen con derramar algunas lagrimas. Al recordar estas escenas me hacen falta palabras para darles una vaga idea de lo que es el sufrimiento en su máxima expresión.

 

* * * *

 

Fragmento del cuento ‘El niño de Sumatra’ escrito por Gabriel Revelo en Enero del 2005, con motivo del tsunami que arrasó el sureste asiático. Tragedia que lamentablemente se ve amenazada con caer en el olvido.  

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