el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Perdona la soledad

Sólo me sé un número telefónico de memoria, el tuyo. No por eso, aun hoy, el marcarlo deja de imponerme respeto. Nervioso, lo intento de nuevo, sólo para colgar, en cuanto escucho el tono de marcado. Decepcionado de mi falsa valentía decido rendirme tempranamente y pensar en algo más. ¿Y si voy a buscarte y de una vez por todas despejo dudas?. ¿Y si mejor me callo, y maduro?. Perdona si visto de inútil agonía este romance muerto hace ya un buen tiempo. No soy yo, es la soledad, mi soledad. 

 

Si me cuesta alejarme de ti, no es necedad. Es soledad. Por eso mis días son todos tristes, por tu ausencia, porque inevitablemente necesito saber de ti para calmar mis deseos de enloquecer e irte a buscar. Es soledad. Soledad de ti. Soledad por ti y por lo que fui. Soledad de amor. Soledad espiritual. Soledad de sentimientos, de caricias. ¿Cuántos tipos de soledad existen? No lo sé, pero con seguridad padezco todas.

 

Por eso me he vuelto tu sombra. Para fingir que de una u otra forma, sigues a mi lado. Perdona la soledad, que me hace escribir tantas tonterías carentes de sentido. Disculpa, si en unos minutos, horas o días, la soledad me da la valentía de ir a buscarte; o marcarte, y esta vez, no colgar en cuanto descuelguen al auricular.

 

Perdona a la soledad, y su manía de acompañar a los más débiles.     

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