el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Carta improbable, pero sincera

Querido Oswaldo:

 

 

Sé, es casi seguro, que nunca llegues a leer esta carta. Es más, puedo asegurar, jamás lo harás. Sin importar esta certeza, me fue imposible posponer o cancelar la redacción de esta humilde carta. La escribo, no como uno de los miles de fanáticos al fútbol del país, sino como alguien que con toda sinceridad te puede decir, tiene una idea aproximada de lo que estas sintiendo justo ahora, tiempo en el que vuelas desde Hannover hasta Guadalajara.

 

Por momentos, piensas que estas en medio de un cuento. En una de esas películas de bajo presupuesto en la que la tragedia rodea al héroe antes de una prueba definitiva, de su momento de gloria, al que sólo accede después de un gran sufrimiento. Vuelves a tallarte los ojos: la realidad sigue ahí. Tan punzante, aguda y seca que lastima cada uno de tus nervios confundidos. Sí Oswaldo, aunque miles de mexicanos, y tú mismo, lo quisieras, no estas en medio de un sueño. Hace unas horas murió tu padre, aquel que te dio el impulso para llegar a ser el mejor, y que semanas atrás, se decía el hombre más orgulloso del mundo, pues tú, su hijo, eres el portero titular de la Selección, y defenderías el nombre de México en el Mundial de Fútbol que mañana empieza en Alemania.

 

Te preguntarás quién demonios soy yo, y de que derechos gozo para entrometerme en un momento tan intimo y doloroso de tu vida. Perdona el atrevimiento. Quizá no soy nadie. Salvo el pequeño detalle de que jugar la posición de arquero, los domingos en el parque de la colonia, no tenemos nada en común. No sé lo que se siente jugar en un estadio repleto de gente, los nervios de la responsabilidad de atajar un penalti o el orgullo de portar la camiseta del equipo nacional. Nunca sabré, ni medianamente, el esfuerzo que significa dejar de ver a la familia para concentrarse más de un mes, y finalmente, jugar un mundial.

 

Ignoro, como te decía, esas sensaciones. Y a pesar de todo, hoy me doy cuenta que un mismo sentimiento nos une. En diferentes circunstancias y tiempos, pasé por lo mismo que tú. También perdí a Papá. También me sentí confundido y ahogado en medio de una responsabilidad contra la que nadie me había enseñado a lidiar. Él también fue un gran hombre, que me enseño mucho más de lo que merecía, enseñándome a luchar siempre por lo justo, a sonreír cuando las cosas no salen y a poner todo el empeño en aquello que hiciera. Su muerte también me cayó de sorpresa, y mentiría si te dijera que ya lo he superado o que puedo pasar un día entero sin recordarlo. Aun me duele, y eso, querido Oswaldo, es el mayor combustible y aliciente que pudiera pedir para salir adelante.

 

No existen palabras que en estos momentos de den consuelo, así que mejor le pondré fin a esta imprudente carta. Adelante portero, sólo recuerda que el sueño de tu Señor Padre sigue vivo: quería verte jugando un Mundial. Por su memoria, por sus sueños, por tu padre, querido Oswaldo, llóralo estos días, engrandece su recuerdo y consuela a los tuyos. Después, estoy seguro, regresarás a la concentración de la selección mexicana en Gottingen, y jugaras contra Irán. Darás la vida en la cancha con la seguridad de que tu Papá, ya esta orgulloso de ti.

 

No estas sólo, tu México al que tantas satisfacciones le has dado, esta contigo y reza por él.

 

¡Adelante Campeón!      

 

 

Atte.

Gabriel Revelo         

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