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Vacaciones en la carnicería

"Cierro los ojos. Sigo escuchando los gritos de las victimas y recreando las sangrientas mutilaciones que (en la película) las victimas sufrían en aquella vieja fabrica de Bratislava"

 

Con el control remoto apago mi televisor y el reproductor de DVD. Siento un hueco en el estomago y la cabeza me sigue doliendo. Me cuesta creer que afuera un cálido sol de mayo brille como si nada, y creo que lo mejor en estas circunstancias seria salir a tomar un poco de aire fresco. Si no lo hago, es porque antes necesito escribir varias cosas que traigo dándome vueltas en el cerebro, ejercicio que estoy seguro me va a tranquilizar. Ahora que tengo una pluma en mis manos, estoy en condiciones de explicar que estoy así por ver una película: Hostal.

 

Hace unos dos meses me enteré de la existencia de esta película. La trama, leí por ahí, era sencilla pero envolvente: Un trío de jóvenes americanos viajaban de mochileros a Europa en busca de sexo y diversión. En Ámsterdam, se enteran de la existencia de un Hostal en la ciudad de Bratislava, en donde podrían saciar sus necesidades sexuales con las mujeres más sensuales de la ciudad, que de paso, están dispuestas a todo. Obviamente no lo piensan dos veces y deciden emprender cuanto antes el viaje a Eslovaquia. Una vez ahí, el dichoso Hostal les parecerá el cielo mismo, hasta que demasiado tarde, descubren que en realidad se encuentran en manos de una organización de traficantes humanos donde por unos cuantos miles de dólares, le ofrecen a sus clientes la posibilidad de torturar hasta la muerte y al propio gusto, a una persona de la nacionalidad elegida.

 

Hostal, a su paso por la cartelera nacional (y mundial) levanto varios comentarios, la gran mayoría de ellos la calificaba como demasiada cruda y explicita, de ahí que haya sido clasificada en la categoría ‘D’ (mayores de 21 años) y que por lógica, el morbo llevara más gente de la que se esperaba a los cines, entre los cuales yo no puedo contar; no por falta de ganas, sino porque no hubo ningún(a) valiente que me quisiera acompañar. Justo cuando creí que me quedaría con las ganas de verla, el DVD de la película llegó a mis manos gracias a que un familiar se enteró que quería verla y la consiguió. Por eso, hoy que estuve solo en casa decidí verla en la comodidad de mi sala. Me habían dicho que si la veía no iba a poder dormir y que había tantas escenas de sexo que parecía película porno. La verdad, ninguno de los dos rumores resultaron ciertos.

 

Quienes me conocen saben que mi personalidad es totalmente opuesta a la tortura y violencia extrema que esta película anunciaba, pero la verdad esperaba que fuera más impactante de lo que en realidad es. Lo cual, no se vayan con la finita, quiere decir que sea ‘digerible’ en lo absoluto. Las escenas de sexo son muy breves, bastantes discretas y necesarias en la trama. En pocas palabras, hay menos violencia y más historia de la esperada… y aun así, me impacto. Pues en lugar de abusar de escenas gráficas y grotescas, mejor utilizan a la tensión como elemento terrorífico. Como dato curioso, supongo que los eslavos deben estar muy contentos y orgullosos con la imagen que esta película les dejó en el mundo entero. 

 

Cierro los ojos. Sigo escuchando los gritos de las victimas y recreando las sangrientas mutilaciones que (en la película) las victimas sufrían en aquella vieja fabrica de Bratislava. Y por mucho que me disguste aceptarlo, sé que la naturaleza del hombre a lo largo de la historia le ha permitido hacer barbaries mucho peores a las que muestra la película: Genocidios, guerras, asesinatos brutales, la santa inquisición; son sólo algunos lamentables ejemplos. Por eso, no sé si soy demasiado ‘fresita’ (no me gusta clasificar a la gente así, pero en esta ocasión, el mismo texto lo amerita) al espantarme y sentirme horrorizado con algunas de las escenas de esta película, que al fin y al cabo es eso… una película, que cada quién decide si ver o no ver. Lamentablemente, la vida real no es así. Hay locos asesinando y violando mujeres brutalmente, y ahí, el botón de ‘Pause’ o el de ‘Rewin’ simplemente no sirve de nada.       

 

Poco a poco, el color me vuelve al rostro y puedo decir que mi corazón ya late normalmente, eso si, mi estomago sigue con ese hueco que provoca la desolación que a uno le da cuando se sabe capaz de cometer atrocidades como la tortura. Mi bolígrafo se sigue deslizando por esta hoja blanca y creo que ver esta película no estuvo del todo mal, pues logró el cometido de toda obra artística de calidad: hacernos dudar, estrujarnos, movernos las fibras del alma. Hostal lo logra.

 

La cabeza me ha dejado de doler (la punzada empezó justo en la primera escena sangrienta) y me declaro listo para seguir el resto de la tarde normalmente. Y mientras pienso si recomendar o no la película en este blog me pregunto si podré comer las mortadelas que hay para cenar sin que me invada una sensación de cierta repugnancia. Dicho lo anterior, me dispongo a poner punto final a este escrito y salir a tomar un poco de aire.

 

… por cierto, vela bajo tu propio riesgo. Eso si, no veras nada que no hayas visto antes en cualquier periódico de nota roja.

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