el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Mientras te espero

 

“Y eso me pone más nerviosa,
sospechar que de seguro los años te han sentado de maravilla
mientras que en mi sólo han causado estragos”

 

Me llamaste la semana pasada, querías que nos viéramos hoy. No lo esperaba, quizá por eso me inquieté tanto. Quién iba a decir que un encuentro casual entre dos amigos ocuparía mi pensamiento de lunes a domingo. En otras condiciones, el reencontrase con un viejo amigo no tendría porque volverse un tormento, al contrario.

 

Estoy parada en la entrada del Sanborns de Coyoacan. Y mientras te espero, para que negarlo amigo, pienso en ti. Me doy cuenta que esta tarde de domingo no soy la única persona que fijó como punto de encuentro el acceso a esta tienda-bar-restaurante. Fácilmente somos una docena, o quizá un poco más. Cada uno sumido en sus propios pensamientos. No dudo que entre nosotros, alguien espere con impaciencia al amor de su vida, o a un familiar. Hoy, talvez alguno de los presentes declare su amor, o todo lo contrario. A veces me gustaría leer los pensamientos ajenos; así, sin problema alguno sabría por qué aquel hombre de cabello canoso revisa su reloj de pulsera impacientemente, o saber porque la jovencita que esta frente a mi sonríe justo cuando termina de quitarle el último pétalo a una flor que deshoja. 

 

Se supone que tendrías que estar aquí desde hace tres minutos, ¿exagero?, probablemente no encuentras donde estacionar el auto, o el trafico ¿en domingo? te mantiene varado en una de las calles de la ciudad. Ahora, mientras te espero, estoy segura que no estaría tan nerviosa por tu ausencia si no hubiera llegado veinte minutos antes a nuestra cita. Ya son cuatro minutos. Los segundos corren y como a cualquier mujer: me exaspera que me hagan esperar.

 

Mientras te espero un par de niños pasan corriendo a mi lado, suenan las campanas de un carrito de helados y un grupo de jóvenes rodean un puesto de pulseras y artesanías. Miro a la gente que este día libre recorren este pintoresco barrio, vienen, van, se detienen, compran chicharrones con limón y salsa. Y tú que no llegas, y esta bien, pues una parte de mi desearía no verte y ahorrarme así un mar de explicaciones que a mis treinta años no tendría que estar dando. Para matar el tiempo saco el espejo de mi bolsa, reviso que el labial y las sombras aun permanezcan donde deben. Me veo guapa, pero sospecho que ni todo el maquillaje podría ocultar la tristeza y el cansancio físico y mental de mi semblante.

 

Y así, entre pensamientos y divagaciones siguen pasando los minutos de tu retraso, que ahora son diez y que espero, sepas justificar. O mejor no, talvez sea demasiado paranoica para armarte un drama por nada, sobre todo si tomamos en cuenta que hace siete años que no te veo. Mientras te espero, una chica de suéter rojo que también esperaba afuera de este negocio se reencuentra amorosamente con quien a leguas se ve, es su novio. Una brisa refresca el cálido ambiente, un perro duerme debajo de una banca del parque y por cuarta vez en la tarde te confundí con uno de los muchos peatones que frente a mi pasan.

 

Ahora temo no recordar bien las facciones de tu cara, pero automáticamente desecho este pensamiento llamándome ‘tonta’. Te sigo esperando, y sin querer, recuerdo que pase toda la secundaria y preparatoria enamorada de ti. Entonces cometiste la estupidez de embarazar a tu novia de la universidad y casarte cuando aun no cumplías los veinte años de edad. Mientras te espero, comprendo que desperdicie una vida mientras empeñaba mi corazón en una causa perdida. Poco a poco perdí el contacto contigo. Sé que eres un abogado exitoso y que tuviste dos hijos más, la última, una niña. Y eso me pone más nerviosa, sospechar que de seguro los años te han sentado de maravilla mientras que en mi sólo han causado estragos. Te juro por mi vida que esta falda y mi blusa roja no tienen otro motivo que el verme un poco más saludable. Y si de casualidad, llegaras a encontrarme un poco más atractiva, te prometo no hacerme ilusiones. Sé que amas a tu esposa y que si en el pasado no te fijaste en mi, ahora menos tendrías porque hacerlo.

 

Una pareja de ancianos compran una bolsita de pepitas. Te espero afuera del Sanborns de Coyoacan, mítico lugar donde nacen y mueren historias citadinas. Ya son doce minutos y sin querer te veo a lo lejos. Vestido casualmente, no hace falta que te acerques más para darme cuenta que te mejor que nunca. Temo que no me reconozcas, me gustaría escapar pero es demasiado tarde, a lo lejos me saludas. Finalmente estas frente a mi, me saludas y abrazas cálidamente y siento como si el tiempo se regresara tan sólo ese instante para nosotros dos. Lo intentas, pero no puedes aparentar que mi estado físico te sorprende: lo escueto de mi delgadez y la escasez de mi cabello que intento cubrir con una boina. Me invitas a tomar un café al local más próximo. Quizá ahí, tome el valor suficiente para confesarte que desde hace años padezco leucemia. Me quedan cuatro meses de vida.
 
 
Gabriel Revelo
Mayo 2006
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3 comentarios to “Mientras te espero”

  1. …Touching
     
    Me gusta ése estilo… sorpresivo que manejas en tus cuentons cortos. Éso de colocar el clímax justo al final. Cuando casi en una sóla línea toda la narración toma sentido y la historia completa golpeamente con una sorrpresa intensa. Es chido.
     
    Saludos.

  2. wOw!

  3. Me ha gustado mucho tu blog. Asi sean declaraciones tristes de un amor que permanece sin usarse o pensamientos "ociosos" (no creo haya tal cosa como un "pensamiento ocioso"!) me gusta…gracias por compartirlo!! saludos!!!


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