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Lugarcito de sueños y tiempo convertido en oro

Tlacotalpan sigue siendo ese lugar en el que hasta el aire huele a pasión y el paisaje, en cualquiera de sus puntos cardinales, se vuelve arte. 

 

Pasando el poblado de Alvarado, a unos 60km del puerto de Veracruz se encuentra Tlacotalpan. La ultima y primera vez que había ido fue hace doce años. Declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, me habían contado que era un lugar muy bonito, y yo creía recordarlo así.

 

Por eso aproveché esa tarde de abril. Tenía unas horas de haber llegado al siempre cautivante puerto de Veracruz y tenía unas horas de sobra antes de dirigirme a Catemaco, mi destino final. Surgió así la idea de desviarnos a Tlacotalpan. El día estaba radiante, el auto corría como nunca en la ciudad y francamente me encontraba de buen humor (ingrediente necesario para animarse a correr cualquier aventura). Media hora después, mi humilde automóvil tomaba la desviación hacía el pintoresco poblado. Para quienes no tengan el placer de conocer este lugar, bastará con decirles que la magia comienza desde la carretera. Un caminito de dos carriles (que por cierto estaba en reparación) rodeado de vegetación, manglares y el río Papaloapan por momentos te da la sensación de ir flotando sobre aguas de un azul cielo impecable.

 

Cuando finalmente llegas a Tlacotalpan, terminas por comprender que todos los comentarios acerca de su belleza se quedan exageradamente cortos. Basta caminar por su plazuela principal para que a uno se le caiga la baba. Gracias a Dios he visitado muchos poblados de mi México, muchos de ellos (la mayoría) muy bonitos, pero ninguno se compara a Tlacotalpan. Cuyas calles medio vacías nos dan una tranquilidad total. Su iglesia, su parquecito cálido y acogedor, su kiosco, su capilla, todo en armonía.

 

Camine por sus calles. Me deleité con sus casitas de una sola planta, todas perfectamente pintadas con colores brillantes. El pueblo es pequeño, y sin embargo me perdí entre tanto paisaje ensoñador. Sin saber como llegue a la casa en donde según una placa, había nacido Agustín Lara ¡con razón el ‘flaquito de oro’ le cantaba a la vida y al amor de ese modo! Cualquiera que tuviera esos paisajes inspiradores no podría hacer menos que enamorarse con cada atardecer. Me tomé un refresco a la orilla del Papaloapan, en una banquita frente a la estatua de unos jarochos bailando mientras pensaba en lo bello de este estado. Veracruz tiene algo, eso es definitivo. Gracias a Dios vivo en un país como México, siempre sorprendente, siempre amable. No importa cuanto más hable, tienen que estar ahí.

 

Dos horas después dejé Tlacotalpan y continúe mi camino, mientras el radio misteriosamente, sintonizaba una estación local en la que la canción ‘Arráncame la vida’ (del maestro Lara) me guiaba amorosamente por la carretera. A lo lejos, en mi retrovisor, Tlacotalpan se perdía.       

Una respuesta to “Lugarcito de sueños y tiempo convertido en oro”

  1. Sip, toy de acuerdo contigo, Tlacotalpan es uno de esos lugares que fascinan… saludos tocayo!


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