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Mi buena autoestima

Soy un llorón de primera, y nada me da más asco que las lombrices de tierra. Me gusta ver la televisión, aunque no me considero adicto a ella (frase típica por cierto, de aquellos que no admiten sus errores). Lo mismo podría decir de comer frituras o jugar fútbol. También acostumbro a soñar con un mundo ideal en el que el hambre y la maldad no tienen cabida. Lo jodido del asunto es que el mundo antes ya era así.

 

Ahora, si hablamos de jodidez creo que lo correcto sería comenzar conmigo. Pues precisamente en muchos aspectos de mi vida soy el ejemplo correcto de ‘lo que no se debe hacer’. Me la paso distraído todo el día. Soy capaz de perder una tarde entera observando el lento y sigiloso movimiento de las nubes o imaginando historias que mueren al instante. Para qué perder el tiempo en más ejemplos cuando bastaría con decir que soy un completo desastre. Fracaso por aquí, caída por allá. Y sin embargo, dirán por ahí, se mueve.

 

Pa’ ser sincero, sigo esperando que la inspiración se de una vueltecita por aquí esta tarde. Para serte aun más sincero, creo que soy un comodino de lo peor.  Escribo cuando se me da la gana, duermo si se me antoja y en general floto por la vida con un toque de tranquilidad y despreocupación dignos de cualquier paria profesional. Mucha gente me ha dicho que tengo creatividad e incluso algunos osados han mencionado que tengo talento para escribir. Y la verdad no es así. Ojalá y todas estas personas supieran que lo único que hago es idear tonterías, fruto de mi hoy aceptada inmadurez, y jugar al ‘escritor’. Lo cierto es que hoy me siento pequeñito. Dentro de un mundote de dudas, me pregunto que tanto he vivido, que tanto bien he hecho. Es más, me pregunto si para alguna otra persona soy verdaderamente importante.

 

En esta y otras tribulaciones pierdo mi nada valioso tiempo. O saco a pasear a mi perro. O hago idioteces como tocar los timbres de alguna casa y correr inmediatamente. O peor tantito, molesto a Dios con preguntas para las que de antemano tengo la respuesta. Y entonces, después de tantos días perdido siempre me llega ese momentito de calma en el que soy capaz de organizar todo mi universo y darme cuenta que todo esta bien. 

 

Así soy yo, muchos fragmentos de nada. Un niño con ganas de hacer bromas, vivir y sobre todo, de divertirse, que para eso venimos al mundo ¿o no’. Al menos, después de escribir esto me doy cuenta que no soy perfecto, y mucho menos normal, y que bueno, si no que chiste tendría esta vida.   

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