el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Cuando Dios no lo quiera, ‘las chachalacas’ nos alcancen

“…no puedo hacer sino preocuparme y pedirle a Dios, Vishnú, Buda, Alá

y a Bono de U2 (que no es una deidad, pero él siente como si lo fuera)

porque el pueblo mexicano tome un poco de conciencia

y sepa distinguir las promesas de la realidad…”

 

Antes traicionarme que estar fuera de moda

 

La política siempre me ha causado urticaria. Y no porque me parezca aburrida, poco interesante o importante, sino porque la considero como una noble tarea que la mayoría de las veces es ensuciada y envilecida por intereses y deslealtades. Por eso, mis estimados amigos, nunca había mostrado el menor interés en escribir y perder mi tiempo con un tema que de entrada, no me apasiona.

 

Por eso yo solía ir por la vida con la frente en alto y el pecho lleno de orgullo. ‘A mi, la política me tiene sin cuidado’, decía cada que se presentaba la oportunidad. A estas escasas alturas de mi texto, estoy seguro, no faltara quien ya me este tachando de inconsciente, despreocupado y mal ciudadano. Pero ni modo, no soy monedita de oro y tampoco tengo la facultad de sentirme atraído por todos los temas del mundo. Aun así, el que la política nacional me incomode, no quiere decir que me desentienda por completo del tema. No por nada, uno suele estar más al pendiente de lo que aborrece que de lo que ama. ¿O no Mr. Bush?

 

Ni modo, en vista de que su servidor se ha visto (al igual que casi medio país), arrastrado por la catarata de información sobre las próximas elecciones presidenciales, me aplicaré un harakiri literario con todos los inconvenientes incluidos (entiéndase, desinformación, ignorancia y perdida de credibilidad). ¿Quién no se ha entregado alguna vez a una moda? Yo no, pues prefiero no quedarme con las ganas aunque después termine dándome golpes en la pared.

 

Realmente, ¿todo tiempo pasado fue mejor?

 

Y el sexenio de Vicente Fox se nos fue como el viento, dándonos la impresión de que apenas fue ayer cuando celebrábamos el triunfo e inminente arribo del llamado ‘Gobierno del Cambio’. Cada quién tendrá su opinión con respecto al desempeño de nuestro pintoresco mandatario, por lo que cualquier balance o adjetivo calificativo al desempeño de sus funciones forzosamente dejara insatisfecho a un buen sector de la población.

 

Yo no debería dar mi opinión, pero si ya me traicione una vez, qué más da que lo haga de nuevo. Para mi el gobierno del señor Fox ha sido equilibrado, de conquistas mesuradas pero valiosas y sobre todo, de mucho trabajo. Podrán decir lo que quieran, y es cierto. Aun hay diez mil ochocientos problemas que resolver, ha habido decisiones tomadas con las patas y no todo ha sido perfecto; pero seamos honestos, ordenar este país después de siglos enteros de saqueos no será una tarea que se pueda realizar de la noche a la mañana.

 

Como sea, fueron seis años que se pasaron rápidamente. Sobre todo si tomamos en cuenta que ya desde finales del 2004 el tema de la próxima sucesión presidencial ya formaba parte cotidiana de las conversaciones en peluquerías, cantinas, bares y por supuesto, en medios escritos y electrónicos. Fue más de un año de escuchar como diversos nombres iban formando una patética lista de posibles candidatos a la presidencia. Desde rectores de universidades, políticos de bajo vuelo y dueños de la industria farmacéutica de similares. Todos y todo tenía cabida en esta guerra de la especulación en donde al final, el más preocupado era el ciudadano común y corriente, que ante tanto nombre sin peso ni trayectoria, no dejaba de preguntarse por su futuro inmediato. Personajes iban y venían, aunque desde un principio, el nombre de uno de ellos amenazaba con aferrarse a cualquier posibilidad de trascendencia, y que hoy, casi dos años después, sigue sonando con más fuerza que nunca. Lamentablemente, estoy hablando de Andrés Manuel López Obrador…        

 

El efecto Peje Man

 

… Alias ‘El Peje’. Un personaje ‘sui generis’ pero común. Y quizá en esto radique su fuerza.

 

Nadie puede negar que de no ser candidato a la presidencia de la Republica, López Obrador podría pasar desapercibido en cualquier lugar. Si no posee una gran presencia ni personalidad, tampoco es un gran orador ni pensador, entonces, ¿qué es lo que entonces lo ha convertido hoy en día, en el favorito indiscutible del próximo proceso electoral?. La respuesta es igual de intrigante y la explicaré con una metáfora un tanto estúpida. Si recordamos a todos los héroes que en nuestra infancia nos cautivaron, podemos darnos cuenta de que sin excepción, todos cuentan con grandes enemigos que hacen hasta lo imposible por derrotarlos. Obviamente, tanta injusticia y maldad convierten al héroe en cuestión en un mártir. Pues bien, lo mismo sucedió con este tabasqueño que gracias a golpes del destino poco a poco fue escalando posiciones en el poder, obteniendo así envidias y enemigos al por mayor. Desafueros, acusaciones en su contra y muchas cosas más, todo eso basta para convertir a un político cualquiera en un símbolo de multitudes.

 

Paralelo a esta inteligente campaña publicitaria que sus enemigos (quiero creer) le prepararon involuntariamente. López Obrador tuvo un acierto más: Apegarse a la clase popular y de escasos recursos de nuestro México. Nadie es más vulnerable que ellos, y obviamente, el sentirse de algún modo ‘representados’ por un figura como la de Obrador hace que inmediatamente sedan su corazón, y también sus votos.    

 

Así, cuando sus adormilados contrincantes quisieron reaccionar ya era demasiado tarde, y el fenómeno del ‘Peje’ parecía ya algo incontrolable. Podemos decir que para este 2 de Julio, el próximo Presidente de México saldrá de la baraja que forman Roberto Madrazo, Felipe Calderón y López Obrador. De nuevo PRI, PAN y PRD (más pequeños partidos anexos) competirán en unas elecciones que de entrada se nos venden como ‘las más cerradas de la historia’. 

 

No me equivoco al asegurar que millones de mexicanos comparten mi sentimiento de ‘insatisfacción’ con estos tres candidatos. En mi caso son las segundas elecciones electorales en las que podré votar, y hasta hoy, 20 de marzo, no puedo aun imaginarme a ninguno de los tres como nuestro próximo mandatario. Lo que sí sé, es que por nada del mundo me gustaría que el PRI volviera al poder; dicen que la historia sirve para aprender de nuestros errores para no volver a repetirlos, pues bien, espero hayamos aprendido que todo el siglo pasado el país estuvo estancado y atrapado en un circulo vicioso de devaluaciones y deuda externa. Y menoooooooos con Roberto Madrazo, que de buen político no tiene nada, carece de inteligencia política y sobre todo, el querer hacer siempre su voluntad sin importar a cuantas personas se lleve en el camino podría llevarse al traste la poca soberanía que nos queda.

 

En cuanto al señor Obrador. Ni que decir. Podrá darle circo, maroma, teatro y vales al pueblo. Despensas a las personas de la tercera edad, y más. Pero eso no puede desviarnos de la realidad. Casi nadie recuerda que durante la gestión del tabasqueño como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, este endeudo la Ciudad, no genero cambio alguno en la lucha contra la delincuencia ni en materia de empleos y los graves casos de corrupción por parte de miembros del PRD muy allegados a él terminan por preocuparme mucho. Afrontémoslo y llamemos a las cosas como son: López Obrador es un populista, que ve enemigos y ‘chachalacas escandalosas’ en todos lados, y que con tal de ganarse la simpatía del grueso de la población no tendrá ni el mínimo miramiento para endeudar al país y llevarlo a una crisis de la que Dios no lo quiera, salgamos muy mal parados.

 

Ante esta perspectiva, Felipe Calderón se sitúa no como el mejor candidato, sino como el menos peor. No como el que tiene más propuestas e idea de progreso nacional, sino como el que menos daño puede hacernos. No dudo que muchos me tachen de ‘panista’ y de estar haciendo proselitismo por este (también y para variar) descolorido candidato. Y no es así, solamente es que tengo miedo de lo que podría pasarnos si López Obrador o Madrazo llegan al poder.   

 

La verdad, cuando pienso en esto no puedo hacer sino preocuparme y pedirle a Dios, Vishnú, Buda, Alá y a Bono de U2 (que no es una deidad, pero él siente como si lo fuera) porque el pueblo mexicano tome un poco de conciencia y sepa distinguir las promesas de la realidad. Lamentablemente todas las estadísticas dan como puntero y favorito al Peje, y muchos ya lo dan como virtual ganador, sobre todo después de que el PRD fuera el gran ganador de las elecciones de funcionarios del estado de México, que para muchos es un termómetro infalible del sentimiento del electorado nacional.

 

Ante este oscuro panorama, lo único que me queda es pedirles que mediten su voto, pues del resultado de estas elecciones depende en gran medida el destino de todos nosotros como nación. La guerra publicitaria y de declaraciones seguirá durante un par de meses mas. Y no sé, pero tengo el presentimiento de que esta no será la última vez que escriba sobre política y mis preocupaciones, que Dios quiera, sólo sea una mala pesadilla sobre un mal presentimiento.

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