el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Erase una vez, cuatro amigos

 
–La amistad es un tesoro—Lamentablemente, hay momentos en que llegamos a olvidarlo por tonterías e idioteces. Afortunadamente, la vida nos da revanchas, y la inmejorable oportunidad de día a día recuperar lo perdido.

 

Erase una vez cuatro amigos que se conocieron en la preparatoria del ‘Instituto Don Bosco’. Durante tres años convivieron y compartieron historias, aventuras y buenos momentos. Sus nombres: Mario Peralta, Armando Díaz, Víctor Daniel Vázquez y Gabriel Revelo. En Julio del año 2000, después de regresar de su viaje de graduación se distanciaron, hasta el día de hoy.

 

El destino, juguetón por naturaleza, de vez en cuando se las arregla para sorprendernos gratamente. Esta mañana pintaba para ser normal, con un toque de rutina casi mediocre. Caminaba sobre Reforma, bajo el intenso sol de  mediodía. Lo que hacía en ese lugar no es tan importante como lo que paso después, cuando sin motivo alguno decidí dar vuelta en una calle justo detrás del metro Hidalgo (cuyo nombre no recuerdo, siempre he sido medio despistado para las direcciones). Sorpresivamente di con la escuela de periodismo ‘Carlos Septiem García’. En este lugar han estudiado varios amigos, pero en ese momento, el recuerdo de mi amigo Armando fue el que me vino a la mente.

 

No sé si fue cuestión de brujería, del Dalahi-lama o de los Testigos de Jehová; pero justo en ese momento me encontré con él. Inmediatamente lo reconocí, y parece que por él no ha pasado el tiempo. Delgado, de pequeña estatura y con aspecto de niño. Me saludo amablemente y comenzamos a platicar sobre como nos había ido en esta vida. Me pidió que lo acompañara a los ‘Estudios Tepeyac’, y pues como no tenía gran cosa accedí. Mientras entramos a un alto edificio justo en la esquina de esa calle, seguíamos platicando. Me resulto difícil, por no decir imposible, contarle todo lo que hice durante seis años. Mientras subíamos por el elevador, le hablé de algunos proyectos y cosas que tenía en la cabeza.

 

Total, que el lugar a dónde mi buen amigo ‘Mouse’ (así le decíamos en ese entonces) entro en una cabina de Radio ¡¡¡¡dónde también estaba el señor Héctor Lechuga!!!!, y otro individuo. El nombre del programa no lo recuerdo de momento, pero el contenido era sobre la vida nacional. Gratamente me sorprendí por el excelente manejo de información política y soltura que  mi amigo mostraba. Llegó el corte comercial, y Mouse volvió a salir de la cabina. Intercambiamos números de celular y nos deseamos buena suerte. Prometiéndonos llamarnos muy pronto.

 

Cuando venía de regreso pensé que había sido un verdadero privilegio el volverme a encontrar con él ahí. Raramente creo en la ‘casualidad’, y hoy la descarto completamente. Todo paso en el momento justo, y creo que fue por algo. Mientras me sacudía la nostalgia,  pensé en la cantidad de personas que solemos dejar a un lado. Excusas como ‘las cosas cambian’, ‘ahora todo es diferente’, ‘tengo mucho trabajo y carezco de tiempo’, en fin, tonterías. El encontrarme hoy con ‘Mouse’ me deja, en primer lugar, unas ganas gigantescas de volver a verlo y contarle mil y un cosas que me han pasado en estos casi seis años de no tener noticias de él; en segundo lugar, estoy convencido de que esta fue una llamada de atención del destino para dejar prejuicios y orgullos inútiles. Quiero volver a buscar a esas personas que he perdido, y no dejarlas ir jamás. Así como solucionar aquellos problemas que pongan en peligro la amistad. No soy perfecto, pero intento cada día enmendar mis errores.

 

Erase una vez cuatro amigos que se conocieron en la preparatoria del ‘Instituto Don Bosco’. Hoy, Armando es un buen locutor de radio, que domina la vida política a la perfección; Víctor Daniel estudiaba diseño grafico, supongo que se graduó. A veces lo veo, pues vive en mi colonia. Mario Peralta, es Diseñador Gráfico, solía verlo en la universidad, pues estudiábamos en el mismo lugar. Estoy seguro, será un gran DJ, pues siempre fue su sueño; en cuanto a Gabriel Revelo, se supone que estudio Ciencias de la comunicación, aunque su verdadero sueño, es ser un verdadero escritor.

 

Esta foto fue tomada en Mayo del 2000, y ahora que la veo de nuevo no puedo evitar sonreír y pedirle al destino volverme a encontrar con ellos.

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