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La inminente y temida llegada de Valentín

 Muchos dicen que es un ángel, otros incluso se atreven a darle el calificativo de ‘Santo’ y le confieren cálidas cualidades sobrenaturales. Lo pintan como un pequeño ángel, maestro en las artes de enredar vidas y destinos. Si el amor es lo que mueve el mundo, entonces él es el conductor del planeta. Me refiero, por supuesto, al infeliz desgraciado de Valentín, considerado hoy en día como una de las criaturas más temidas del universo. Basta uno de sus ataques, para que todo se vaya al diablo.

 

¿Soy un amargado?, ¿Un envidioso?… para nada. Digamos que mi afección a este día tiene muy buenos fundamentos. No estoy yo para contarlo, pero desde tiempos inmemoriales (mi época en el jardín de niños) he ido acumulando experiencias más o menos desastrosas, y de las cuales hice, hago y haré responsable a este chiquillo infernal. Para quienes me conocen, saben que con el mes de febrero comienza mi calvario, y es que parece que televisión, radio, internet, animales, extraterrestres, compañeros, vecinos y elementos de la naturaleza se empeñan en recordarme que el día 14 habrá contingencia ambiental a causa de tantas partículas contaminantes formadas por feromonas y bilirrubina en la atmósfera. Conforme esta fecha y su malignidad se acerca, don (es)cupido motorizado hace hasta lo imposible porque todo ente viviente que me rodea encuentre a su ‘peor es nada’, dejándome sólo e indefenso ante veinticuatro horas en las que se puede hacer cualquier cosa, menos estar soltero.

 

¿Qué se puede hacer cuando uno cae en el delito de estar disponible a mediados de febrero? En primer lugar mostrar dignidad y hacer como si fuera un día normal. Cosa que ya vimos, es imposible (a menos que estemos brutos, ciegos, sordomudos). En segundo lugar, es aconsejable que unos días antes recordemos esos momentos en que por causa del ‘amor’ hemos sufrido malos tratos e injusticias cardio-viscerales. Esto, aunque lejos de darnos una solución, puede ayudarnos de consuelo y como analgésico para pensar que después de todo el romanticismo también tiene su lado tétrico y terrorífico.

 

¿Por qué a (es)cupido lo pintan tan tierno e inocente? Supongo que es porque la mayor parte de la gente no se da cuenta de que sus flechas, al estar envenenadas por una letal toxina a largo plazo, terminaran por destrozarnos en algún momento de nuestras vidas. Aceptémoslo, estas armas deberían de ser declaradas sólo como ‘uso exclusivo del ejercito’. No sé porque el señor Valentino me tiene tan mala fe. Aun así, las veces que he sido victima de sus ataques admito que he sido feliz y por lo mismo, le vivo eternamente agradecido (lo cual no quita, que lo siga considerando como a un ente maldito al igual que sus amigos la indiferencia, el desamor y la traición). Quizá sea coraje, envidia o egoísmo de mi parte. De cualquier manera prometo buscar el próximo año a San Valentín para comprarle alguna de sus flechas, que dicen, son tan fabulosas.

 

Que disfruten pues, su día… sólo recuerden que este ángel exterminador del Apocalipsis no da nada gratis, y todos (sí, todos) tarde o temprano pagaremos los placeres y dichas otorgados con horas de dolor y sufrimiento en terapia intensiva… a causa de un corazón roto.

 

 (aquí, imaginen una risa macabra)          

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