el incomprensible mundo de gabriel revelo
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La coma (,) el amor y otros accidentes

Una nota periodística:

CIUDAD DE MÉXICO, México, feb. 11, 2006.- La joven Julia Cristina Maldonado Alcántara de diecisiete años sufrió un fuerte percance automovilístico la madrugada de este sábado, al desbarrancarse con su vehículo en una curva ubicada en el kilómetro doce de la carretera libre México-Cuernavaca . Al lugar del accidente llegaron unidades de paramédicos y autoridades de la Policía Federal de Caminos que descendieron por el barranco y rescataron a la victima de los restos de su automóvil Renault Clío. La adolescente sufrió varias fracturas y traumatismos por lo que fue trasladada al Hospital Adolfo López Mateos en dónde cayo en estado de coma y la reportan como muy grave.

 

 

Así que esto es estar en coma . Desde el día del accidente tengo vagas nociones de la realidad. No me puedo mover, y lo que es peor, casi ni siento mi cuerpo. Sé que tengo varias cosas rotas, que mi estado es delicado y que de un momento a otro podría dejar este mundo. De aquella noche no recuerdo casi nada. No sé si por los sedantes, por los fuertes golpes que de seguro me llevé o porque siempre he sido muy distraída. Me accidenté, lo sé, pero desconozco detalles como cuando fue el momento exacto en el que salí del camino, o que hacía sola a tan altas horas de la noche manejando el auto de papá. Aquí, cada día se me hace eterno. A tal grado de que me he inventado varios juegos mentales para distraerme en medio de tanta soledad. Afortunadamente, puedo escuchar, por eso sé que hasta este frío hospital han venido todo mis familiares. Inclusive la tía Fabiola que vive en Sinaloa. Me doy cuenta de todo, sé que Papá y Mamá se quieren hacer los valientes, creen que si aparentan fortaleza ninguno de los dos se derrumbaran. Aunque yo los conozco, y sé que por dentro están muriendo de miedo.

Mis amigas de la preparatoria, Daniela, Olivia, Tania y Berenice, vienen diario a platicarme como van las cosas en mi ausencia, supongo que presienten que puedo oírlas. Él que no se ha parado por aquí es Jaime. Talvez mañana lo haga. Estoy cansada para pensar en eso, será mejor dormir un poco.

 

*    *    *    *

 

Entre sueños creo haber oído a una enfermera mencionar que hoy es lunes. Si mi cálculos no fallan hoy es doce de febrero, pues han pasado ya dos días desde el incidente en la carretera. Vaya suerte que tengo, sé acerca el día de San Valentín y yo aquí encerrada en mi propio cuerpo. Dan ganas de llorar, pero ¿qué hacer cuando el destino te arranca el poder de hacerlo? Hoy vino menos gente a verme, y aunque me da miedo que comiencen a olvidarse de mi, lo único que realmente me importa es saber porque Jaime no me ha venido a visitar, después de todo es su deber como novio de la accidentada ¿o no? Probablemente tiene algún compromiso o cosas que hacer. Seguramente mañana vendrá a decirme lo preocupado que esta y lo mucho que ha llorado desde la madrugada del sábado. A veces creo que estoy más inquieta por saber su paradero que por ocuparme de mi futuro, si es que lo hay.

 

*   *   *   *

 

Hoy  papá tuvo una pequeña reunión con los doctores encargados de mi caso. Aunque yo creo que estoy igual, a él le dicen que estoy mostrando una mejoría sorprendente ¿será?. Uno de los médicos mencionó que en cualquier momento podría salir del coma. Y hablando de eso, que nombre tan gracioso ese de ‘coma’ ¿a quién se le habrá ocurrido?. Es en estos momentos de divagación cuando me gustaría tener una enciclopedia a la mano. ‘Coma’. ¿Se referirá al signo gramatical?, y si es así ¿por qué mejor no se llama ‘punto’ o ‘paréntesis’? Lo que si descarto completamente es que este dichoso nombre del estado en el que me encuentro haga referencia al verbo ‘comer’. Es un enredo, pero qué otra cosa me queda por hacer. El día, no obstante, pinta bastante bien. Un comentario de mamá me confirmó que hoy es 13 de febrero. Maravilloso si tengo en cuenta que mañana es día del amor, y cumpliré dos años de noviazgo con Jaime. Recuerdo que aquella mañana de San Valentín encontré una carta en el buzón de mi casa en la que un ‘amigo secreto’ se declaraba perdidamente enamorado de mi. Aquel anónimo era también una invitación para almorzar. Quién me iba a decir que  aquél romántico empedernido se trataba de ti, uno de los muchachos más atractivos e interesantes de la escuela. Tenía que haber sido en San Valentín, tenías que haber sido tú. La pareja perfecta, en el día y el momento adecuado. Ahora que pienso en todo esto, estoy seguro que si no has venido es para darme la sorpresa en pleno día catorce. Nuestro día del amor. Sí, eso debe ser, quieres que te extrañe y me preocupe. Sigues siendo ese niño lindo, romántico y motivo de la envidia de mis amigas. Sí, eso debe ser. No olvides que te espero Jaime. Estos dos años han sido maravillosos y estoy seguro de que no dejarás de celebrarlos conmigo, con tu Julia que tanto te quiere.        

 

*    *    *    *

 

Llegó el catorce de febrero. Lo sé porque las enfermeras que vinieron a cambiarme el catéter no dejaban de hablar de las cursilerías que siempre acompañan este día. Es imposible no darse cuenta que San Valentín llegó cuando en una televisión (que supongo esta cerca) el presentador del programa matutino no deja de dar consejos para pasar un ‘día de los enamorados ardiente’. En fin, en el aire se debe de percibir una atmósfera espesamente cargada de bilirrubina, (lastima que un respirador artificial me impida percibirlo). Pasan los minutos, y justo cuando empiezo a desesperarme escucho tu voz. Sabía que no te olvidarías Jaime. Ahora trato de concentrarme para escucharte mejor y poner atención a tus encantadoras palabras que tantas veces me hicieron soñar. Me dices que me veo bien, que los doctores aseguran que mi mejoría es inminente y que pronto podré salir de esta cama. Pero algo pasa Jaime, tu voz es indiferente, carece de la calidez de siempre. ¿Qué pasa? ¿Y de quién es esa voz de mujer que te hace preguntas? ¿Por qué  te llama ‘mi amor’?. Lo olvidaba, soy una tonta. De pronto recuerdo todo. Ella es tu nueva novia, por quién me dejaste hace dos semanas rompiéndome el corazón en mil pedazos. Lloré. Una y otra vez te pedí que recapacitaras y volvieras a mi lado. Y no paso nada. Por eso decidí tomar sin permiso el auto de Papá, manejar lo más lejos posible y matarme arrojándome al barranco; y por eso, aunque los doctores digan que recuperaré la conciencia, ya me da igual salir de este coma.    

 

 

 

 

                                                                                             Gabriel Revelo – 2006 

 

 

 

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