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Los riesgos de un nacionalismo mal encausado

Juanita sigue convaleciente, y este sábado, como desde hace ya dos meses, no vino para hacer la limpieza en mi casa. Ante tal ausencia, a la familia y a mi nos tocó un día dedicado religiosamente a labores hogareñas. En mi caso, además de lavar el auto (como cada fin de semana dicta la tradición) tuve que ir al mercado a comprar víveres y preparar la comida.

 

Precisamente me encontraba en el mercado comprando un kilo de papas, cuando en uno de los puestos aledaños un marchante comentaba con uno de sus clientes ‘ese Lavolpe esta loco, en la selección sólo debe haber mexicanos y nada de nacionalizados. Su equipo ya parece combinado argentino’. Quienes me conocen saben que soy un apasionado del fútbol, motivo por el que una extraña fuerza me atrajo (después de pagar mis respectivos 9 pesos por las papas) hacía tan pintoresca conversación.

 

¿Quién no ha participado en una de estas improvisadas charlas futboleras surgidas de la nada? Los mexicanos podemos desconocer quién es nuestro secretario de economía, el nombre de los candidatos para las próximas elecciones o el día de la constitución, pero cuando hablamos de fútbol, la cosa cambia. En fin, asombrado escuchaba como la mayor parte de los caballeros defendían la idea de que ‘en la selección nacional sólo deben de tener cabida jugadores nacidos en México’. No puedo negarles que el argumento es hasta cierto punto convincente y responde a la idea romántica de contar con un equipo competitivo, plagado de jugadores de calidad y capaz de cosechar los más añorados triunfos internacionales. Pero… ¿qué pasa cuando no es así?.

 

Si bien, hace tres meses la selección sub 17 nos llevó al cielo con la obtención del campeonato mundial de la categoría, es innegable que la llegada a la selección mayor de jugadores nacionalizados para reforzar al equipo es una realidad. Podría enumerar uno a uno los nombres de estos jugadores, aunque mejor será referirme a los concernientes a la era de Ricardo Antonio Lavolpe, actual técnico tricolor.

 

Antonio Naelson ‘Sinha’, mediocampista del Club Deportivo Toluca nacido en Brasil, finalizó sus tramites de naturalización a finales del 2003, convirtiéndose así, ante las leyes, en un mexicano con todas sus obligaciones y derechos (entre los cuales esta el vestir la casaca nacional si algún día llegara a ser requerido). Inmediatamente fue convocado, cumpliendo una actuación en general ‘aceptable’, que no despertó mayores polémicas que las presupuestas en un principio.       

 

El caso de Guillermo Franco, jugador argentino de nacimiento, mexicano por naturalización desde hace poco más de medio año, fue el que comenzó a despertar polémica. Al haber sido convocado para el juego eliminatorio contra Guatemala (mismo en el que consiguió su primer gol como seleccionado) el delantero del Monterrey dividió a la familia futbolística (ósea, al país entero) en dos: los que apoyaban la llegada de los jugadores naturalizados, y los que a toda costa defendían la idea de que en el equipo tricolor sólo tienen cabida aquellos nacidos en territorio nacional.  Por último y como muchos saben, la polémica creció ahora que Ricardo Lavolpe dejo entrever su posibilidad de convocar a Walter Waitan, también argentino de nacimiento, si este se nacionaliza.

 

Sin pretender sonar como liberal, y mucho menos conservador, me gustaría poner los puntos sobre las ‘ies’ y externar mi opinión’. Es cierto que una gran cantidad de selecciones han usado, usan y usaran selecciones naturalizados. Lo hace Alemania, Portugal, Inglaterra (por citar sólo algunos) y ahora México. Hasta aquí todo tranquilo, aceptemos el echo de que las leyes y la FIFA lo permiten. ¿Entonces? Quizá el problema sea la cantidad de jugadores naturalizados que son permisibles, en dado caso ¿quién puede decir si dos, tres o cuatro son muchos o pocos?.

 

Para mi la clave esta en la convicción. Si nos tomamos unos minutos para analizar el caso de Sinha y Guillermo Franco podremos darnos cuenta de que en realidad son dos jugadores que encontraron al éxito en nuestro país, en dónde además han formado a su familia y en cierta forma, antes de pensar en la posibilidad de la selección, su decisión de obtener la nacionalidad mexicana fue una especie de ‘agradecimiento’ por todo lo que México les ha dado. Empecemos a crecer señores, el ser Mexicano debe de definirse por el cariño y entrega hacía nuestro país, y no por el lugar de nacimiento. ¿Quién es más mexicano entonces?. Al menos a mi, me llena de orgullo que personas nacidas en el extranjero quieran tanto a mi país como para volverse uno más de nosotros.

 

En la sociedad como en la selección, lo que realmente necesitamos es gente comprometida, así que dejemos este absurdo nacionalismo. Ahora, ¿qué pensar con respecto a Walter Waitan? Aquí el tiempo lo dirá, aunque la verdad (y a diferencia de Sinha y Franco) parece que este jugador piensa primero en la posibilidad de jugar un mundial, que en lo que significa convertirse en mexicano. En fín, habrá que esperar, igual y me calla la boca con un golazo ante Portugal en el mundial.

 

Ojo, no mencione a Cuauhtemoc (en cierta modo, parte de esta polémica), porque él me da para escribir un poco más… en otra ocasión. Talvez para entonces Juanita ya se haya recuperado.    

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