el incomprensible mundo de gabriel revelo
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Abr
27
Es complicado escribir al mismo tiempo la despedida y la bienvenida de un blog, y sin embargo lo estoy haciendo. Como todo ciclo que termina, hoy me despido de éste blog después de 15 meses de plasmar en él un poco de lo que soy, y un mucho de lo que no.
 
Contrario a lo que pensaba en un principio, el tener un blog me dio alcances que ni imaginaba, pues si el contador del MSN Spaces no miente, fueron muchísimas las personas que por alguna u otra razón entraron a éste sitio, de manera que mi objetivo principal, que era el ser leído por mucha gente, se cumplió. Tener un blog, además, me sirvió para mantener el ritmo de escritura que confieso, había perdido. No es lo mismo escribir un poema o un cuento cada dos meses, a tener que estar lidiando con la pregunta de ¿y ahora qué publico? tres veces por semana.
 
Usted, amable lector, se preguntará entonces por qué si tanto me gusta tener mi blog, voy a cerrar éste. La verdad, aunque en noticieros, medios informativos se divulgue otra cosa, es que el nuevo formato de MSN Spaces por alguna extraña razón no es compatible con mi computadora. Desde hace poco más de una semana, ver los Spaces de otras personas me cuesta mucho trabajo y trabajar en el mío es una autentica tortura, pues todo se ha alentado considerablemente. Pensarán que soy impulsivo al tomar esta decisión, pero desde siempre el formato de los Spaces Live de Microsoft me pareció muy deficiente. No todos pueden entrar, a veces tiene fallas y en general, subir cosas a veces se volvía muy tardado y era frustrante encontrarte con algún problema técnico cada cinco días.
 
Además, seré honesto y diré que hubo un momento en el que el blog me absorbió de tal manera, que varios días me sorprendí colocándolo como prioridad en mi vida. Pues además de subir entradas de manera bastante regular, diario subía fotos, fechas, frases, estadísticas de fútbol y de más. La obsesión de conectarme diario a ponerle algo al blog hizo que cada día perdiera de menos una hora en entrar y ver que podía agregar. Total, que eso de estar pensando todo el día en que escribir, y esperando con ansias la hora de conectarme me hizo adicto.
 
De un tiempo para acá baje el ritmo de publicación y dejé de meterme diario a éste blog. Volver a las raíces de sólo escribir cuando tuviera algo que contar, y no por sólo hacerlo me hizo bien, pues es ‘viviendo’ y no conectado a la red, como un escritor obtendrá esos hilos que le permitirán tejer historias y crónicas apasionantes. Por eso, igual y este cambio no es malo.
 
Le digo adiós a MSN Spaces, pero no a ‘El incomprensible mundo de Gabriel Revelo’. Pues continuaré publicando, pero ahora en Blogger. Sitio que no tiene ni el colorido ni las características multimedia que tiene MSN Spaces, pero que a la vez me permitirá centrarme únicamente en la escritura, que es a fin y al cabo, lo que me apasiona en la vida.
 
Siempre lo he dicho, la tecnología y yo no nos llevamos, así que entre más fácil y rápido pueda subir mis escritos, más tiempo tendré para otras cosas. Antes de ponerle el punto final a la última entrada de este blog y darles la dirección del nuevo, quiero darles las gracias a todos ustedes, que muchas o pocas veces entraron en éste sitio y me leyeron. Gracias por sus comentarios y por haber dejado un poco de su valioso tiempo aquí. Gracias muy en especial a mi amigo Jonathan Chande por sus palabras y por siempre estar al pendiente aquí.
 
Espero contar con todos ustedes, pues esto, lejos de comenzar, apenas comienza. Ocasionalmente entraré aquí para subir alguna foto, todo con tal de que el espacio siga vigente y puedan seguir viendo las entradas pasadas, algunas de ellas, modestia aparte, me quedaron muy bien. ¡Diablos, ahora hasta nostalgia siento!.
 
Bueno, señoras, señores, niños, niñas, ancianos, ancianas, perros, humanoides, etc. Con ustedes, mi nueva dirección de blog:
 
 
¡Muchas gracias! Nos leemos en el nuevo blog.
 
. (punto final)      
 
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Abr
23
 
Que ganitas tengo, mira niña de mi corazón,
de bailar tu cinturita abrazado a éste son.
Que ganitas de comer de tu boquita,
y perderme en ella mientras dices una oración.
 
Que ganitas puedes darme cuando hablas mi amor,
y de tus labios escapan frases inflamadas de pasión,
Que ganitas puedes darme, si te conviertes en tarde,
yo me haría pintor y te regalaría una puesta de sol.
 
Tienes que saberlo, que cuando te veo,
siento temblorcitos,
mi alma es el epicentro,
con cada mirada, sacudes mi interior. 
 
Que ganitas tengo de ya no ser ganas.
ganitas de volar, ganitas de cantar,
ganitas de pensarte, ganitas de soñarte
ganitas de amarte y nada más.
 
Pero al fin y al cabo, me vas a hacer llorar.
¡y yo con mis ganitas e ilusiones te he de extrañar!
Porque derrotado, triste y desolado,
así me quedó cada que te veo,
me congelo asustado, de las ganitas que me duelen,
al no poderte abrazar.   
 
Que ganitas de escribirte,
volverte un poema y recitarte.
Así te leería y cada tarde
entrarías viva a mi habitación.
 
Que ganitas tengo,
De que estas letras se convirtieran en son.
 
Son,
reflejo y alegría de mi corazón.
 
 
Gabriel Revelo
Abril 2007
Abr
20
 
No entiendo como algunas personas, aun hoy en día, piensan que el problema de la practica de Abortos se solucionaría solo con una firma.
 
 
Nunca el extremismo, pues me da miedo. Caer en él me produciría poco menos que urticaria. Por eso llevaba días pensando cómo abordar el tema de la despenalización del aborto en el Distrito Federal, sin caer ni en falsos conservadurismos, o libertinajes impulsivos. 
 
Vayamos punto por punto. Legalizar o no el aborto no evitará que éste deje de existir. Creer que al votar en contra de una legislación es suficiente para cerrarnos los ojos y hacer de cuenta que ‘el problema no existe’ es una locura. Haya o no ley, cientos de mujeres en la Ciudad de México seguirán abortando. Aunque en honor a la verdad, cabría reconocer que de legalizarse el aborto, las condiciones en clínicas y hospitales que ejercen esta practica mejorarían demasiado en higiene y preparación. Situación muy diferente a la actual, en la que dichos procedimientos quirúrgicos son, mayoritariamente, practicados en clínicas clandestinas y en condiciones deplorables.
 
Aunque por otro lado, no podemos dejar de lado que la practica de ‘Abortos Legales’ traería consigo una importante derrama económica en muchos nosocomios con lo que el argumento de ‘a favor de la mujer’ quedaría muy en duda. Como siempre, el dinero detrás de todo.
 
Políticamente hablando la discusión gira en estar a favor o no del aborto. Todo mundo opina, unos a favor, otros en contra, pero todos con vertientes que hacen el asunto mucho más complejo. Yo mismo tengo una opinión muy particular, pues si bien las mujeres están en todo su derecho de decidir que hacer con su cuerpo, también es cierto que un feto es un ser vivo, con ondas cerebrales, movimientos independientes y pensamientos aislados a los de su madre. Si madre e hijo son independientes, aun en el proceso de gestación ¿no es injusto el sentirnos Dios y juzgar cuándo arrebatarle la vida a un pequeño?.
 
Los feministas dirán que al ser hombre, no puedo comprender que los abortos a veces son necesarios en caso de violación o de embarazos no deseados, que son las madres, quienes con los hijos, son las que más tiene que cambiar su vida. Y yo pregunto ¿el dolor de una violación se termina matando a un pequeño ser?. Y ya me duele la cabeza. Hablar de esto es complicado y carezco de respuestas. De entrada estoy en contra del aborto. ¿Pero si es por una malformación genética del bebé o un probable problema al nacimiento?… entonces la cosa cambia, o depende. Grandes genios de la humanidad han nacido a pesar de que todo pronostico decía que sería un infierno o que simplemente perecerían en proceso del alumbramiento. ¿Cómo saber si un pronostico medico es suficiente para coartar o no el proceso de la vida?, ¿Y si la madre es la que ésta en peligro de muerte?… ¿no resulta fácil verdad?.
 
Por eso al inicio de la entrada hablé de los extremos. No podemos decir Sí apoyo o No apoyo. Habría que ver todas las vertientes que hay y no lanzarnos a condenar o no una propuesta que por desgracia está hecha al vapor y que no es sino un capitulo más de la disputa política del PAN y el PRD en la capital del país. Al final, lo que menos importa son las mujeres y los bebés. Y el pleito no sólo está en la tierra, sino también en los cielos, recordemos que la iglesia también ha levantado la voz para protestar enérgicamente sobre la probable legislación. ¿Qué dirá Dios de estás batallas en su nombre?.
 
Sigan discutiendo mientras todo, con o legislación siga igual. Sigan preocupándose más por arreglar las consecuencias de un problema que pide a gritos prevención. ¿No es más fácil educar mejor a las nuevas generaciones con respecto a la sexualidad?.
 
Fijar cuándo un aborto es o no legal está bien. Pero lo prioritario es definir el punto exacto en el que la vida comienza en el útero materno. Para muchos es hasta el nacimiento del bebé, para otros es al tercer más, e incluso hay quienes sostienen que es desde que el espermatozoide fertiliza al óvulo. Hace poco leí que un columnista del periódico Milenio proponía que sí la vida médicamente termina con la desaparición de ondas cerebrales, lo mismo se debería de hacer para marcar el inicio de vida. Yo estaría de acuerdo, aunque no tendría la certeza, ni me sentiría calificado para ponerle punto de inicio al milagro de la vida.     
 
Escribo, escribo y más dudas tengo. Sigo teniendo preguntas y no puedo aterrizar un tema que es del todo complejo y que no comprendo del todo. Sólo pretendo demostrar que un aborto es mucho, pero mucho más que una votación en la Cámara de Diputados, o una guerra de Spots en la Televisión, mucho más que protestas religiosas o feministas. Hablamos de defender vidas o decidir coartarlas para evitar que sufran. ‘Vidas’, diferentes una de otras. Únicas, y por lo tanto, imposibles de englobar en una sola ley.
 
Yo voy por la vida, no por los asesinatos, denme el calificativo que quieran…  
Abr
17
 
Para mañana, justamente a las 10:30 de la mañana, tendré 25 años y habré rebasado la temible barrera del cuarto de siglo. Para muchos el llegar a ésta edad puede ser algo significativo y hasta alentador. Yo tengo mis dudas.
 
Muy probablemente, cuando este escrito sea leído por alguien más ya no tendré más veinticuatro años. Seguramente habré recibido algún mensaje, llamada o mail de felicitación y en general, mis seres queridos se desvivirán por hacerme pasar un día ameno. Por la tarde iré al concierto de Alejandro Sanz (mi cantante favorito) con amigos a los que quiero con el alma y seguramente la noche terminará igual de bien. Entonces Gabriel ¿dónde ésta el problema?.
 
Supongo que mi depresión ésta tarde de martes no tiene que ver con el celebrar mi cumpleaños, sino con el número de éste: 25. Digan lo que digan, es un número representativo. No es lo mismo a cumplir 19, 23 o 26. Por alguna razón que desconozco, muchos parámetros se miden a partir del vigésimo quinto elemento de la numeración arábiga, como si a dicha edad fuera el momento preciso de hacer corte de caja, y analizar los triunfos y derrotas de nuestra ya añeja existencia es aquí donde se descompone la situación, pues se supone que a mi edad debería de estar en cualquier lugar y situación mejor que la actual.
 
Si hiciera un balance de mi vida, diría que soy feliz, que tengo salud, una familia que me quiere mucho y grandes amigos. Para mi fortuna, el destino ha sido bastante benigno conmigo, por lo que sería una ridiculez quejarme. Y sin embargo, ‘el vacío’ sigue ahí, tan temible como siempre, con esa sensación de insatisfacción que me sigue hasta en los sueños. A los veinticinco, los cánones de la sociedad dictan que debería tener aunque fuera una mediana idea de hacia dónde va mi existencia, debería, además, tener varios triunfos en mi haber, además de una pareja y por qué no, hasta planes de formalizar un compromiso. Pero… “oh sorpresa Sr. Revelo, usted no tiene nada de eso, y peor tantito, no está ni cerca de conseguirlo.”
 
Ahora mismo me da pena y vergüenza retroceder el tiempo y pensar en todos lo que no soy y que pensaba, sería. Ahora mismo, la idea de no tener un camino labrado por mi mismo comienza a volverse exageradamente pesada. Ahora mismo, tengo miedo de que sea mañana, mirarme al espejo y decir: tienes 25 y estás sumido en la más profunda de las mediocridades.   
 
Y ya no quiero, ni debo seguir así. Desde hace días he venido pensando en el tema y no encuentro otra respuesta que romper de una vez con todos los vicios que por años me han impedido avanzar. El problema es que no sé ni por dónde empezar y que tengo miedo. Y es que cuándo se carece de tantas cosas, el inicio es lo más difícil.
 
Creo que me falta un poco de confianza en mi mismo. Confianza para hablar conmigo y después con los demás y decir que me encantaría encontrar el camino que me lleve a la escritura de una primera novela que al menos me confirmaría que estoy en el mundo por algo y que las letras finalmente serán las encargadas de salvarme de mi propia y destructiva persona. También me gustaría saber si de esto podré vivir. Y sobre todo, me encantaría encontrar el amor de una vez por todas: total y libre, no en partes como hasta ahora.  
 
Lo jodido de los 25 no son los 25 en si, es todo lo que quedo inconcluso detrás. Fragmentos de tiempo que no podré regresar ni vendiéndole mi alma al diablo. Lo jodido es que el tiempo sigue corriendo, y dentro de un año será la misma cantaleta: yo, el vacío, mi inmovilidad, el 26 y el futuro en cenizas.
 
Mañana cumplo 25 años. Mañana intentaré cambiar, aunque sea un poco esa manía de esperar que todo me caiga del cielo. Buscaré historias y espacios para contarlas. Creeré más en mi y pensaré que lo vivido hasta ahora es un primer borrador que se puede pulir y mejorar bastante. Aunque el futuro me aterra, sé que la mejor forma de enfrentar los miedos es plantándoles cara aunque nos tiemblen las piernas de los nervios.
 
Quiero pelear, con coraje, con convicción, sin miedo a caer en el camino. Quiero, aunque sea por una vez, estar completamente orgulloso de lo que soy. Aun hay tiempo.
 
Mañana cumplo 25 años, no se vayan con la finta de lo que acaban de leer, no todo ha sido tan malo. Por esas tardes de personas y vivencias es por los que tengo que salir adelante. Tarde o temprano aprenderé a volar.  
Abr
15
Quererte no debería ser así.
 
Supongo que es porque siempre hago las cosas al revés. Debe ser por eso que el verbo ‘amar’, aplicado a ti me resulta imposible. Incomprensible, complicado y abstracto, así es el juego de ecuaciones de tu corazón que cada noche intento descifrar, que cada noche intento resolver para recuperarme a mi mismo.
 
En mi caso querer amarte no es la conjunción de dos verbos (querer y amar), sino la imposición de uno sobre otro. Y aquí voy de nuevo, a escribir con todas mis limitaciones del mundo que estoy loco por ti. Ansioso de todo. Con ganas de verte, de platicarte, de soñarte. Ganas de volverme oro para ser digno de ti. Ganas de salir y dirigirme a una montaña, subir hasta la cima y gritar con todas mis fuerzas que te amo con la rabia congelada de tantos años de ser tu sombra fiel. Ganas de volverme brisa marina para desaparecer y volverme lluvia de abril, llegar hasta tu ventana y derramarme de envidia en el vidrio que te protege de mi.
 
Pero amarte es contarme la más bella historia, en el que la perfección se encarna en heroína. Saberme enamorado de ti, perfección del cielo, es volar en el aire y volverse luz. Ir muy rápido de aquí para allá sin temor a estrellarse con un cometa. Estar loco por ti es saberte ajena y aun así darte mi corazón envuelto entre diamantes.
 
Por eso amarte me vuelve frágil y hace que vea con ojos de esperanza la peor de las tragedias. Quizá también por eso siento los sentimientos a flor de piel, quizá por eso, amarte es sentir que el mundo respira y se mueve al ritmo de tu respiración.
 
Amarte es sentirme derrotado y prisionero de tu voluntad. Amarte es el tener la belleza del universo concentrado en una fotografía tuya y observarla a todas horas. Quererte es sonreír al recordarte, amarte es buscar que la que sonrías seas tú. 
 
Amarte es ponerme de rodillas ante ti y jurarte que si un día me lo permitieras haría realidad tus más profundos anhelos… y viviría solo porque tú, que eres todo, existes. 
 
Amarte tampoco debería ser así, pero es lo mejor que me ha pasado, aunque a veces se me vaya la vida en el intento.
 
Abr
14
 
Por desidia, no fui al viaje de graduación de mi primaria. En lugar de asistir con mis compañeros de generación, preferí irme de vacaciones (como cada año) con mi familia a Acapulco. Todos esos días, y aun durante semanas enteras, me la pase arrepentido por la posibilidad de perderme una significativa cantidad de vivencias y momentos que nadie me devolvería. Desde aquel sin sabor del ‘qué hubiera sido si’, me prometí que en adelante sólo me arrepentiría por ‘acciones’ y no por ‘posibilidades’.
 
Por eso ahora me gusta experimentar de todo. Aun ha sabiendas de riesgos de muerte, ridículo o salud. Ahora prefiero correr riesgos, no ser tan calculador, y dejar que las cosas se den como al destino le parezca más conveniente. Toda esta filosofía de tres pesos, incluye también, el no perderme de acontecimiento alguno en mi Ciudad. Por eso me urgía regresar de Veracruz antes de que el periodo vacacional llegara a su fin, pues no quería perderme  la oportunidad de visitar una de las cuatro playas instaladas en el Distrito Federal.
 
Hace dos días, la luminosidad de un día soleado terminó por darme los últimos empujoncitos de decisión para salir de mi casa y enfilarme hacía ‘Villa Olímpica’. Una hora después, un poco más acalorado y después de haberme perdido en un par de ocasiones, estaciono el auto y me encuentro ante una gran manta que me da la bienvenida ‘Playa Villa Olímpica’.
 
A partir de aquí las cosas comenzaron a sucederse más rápido. Sin darme cuenta entré en un mundo surrealista que hasta hoy no consigo recordar detalladamente. Un letrero de ‘Entrada gratuita’, un par de mantas con cuerpos esculturales pintados y un agujero para que los visitantes asomen su rostro y sean retratados como recuerdo de aquella visita, salvavidas, albercas, etc. Pero sobre todo, gente, mucha gente. Niños, jóvenes, señoras, ancianos. Gordos, flacos, chaparros, altos. Con traje de baño y chanclas, con toallas percudidas y bolsas con refrescos de tres litros y tortas de jamón para ‘el lonch’. Algunos vestían ropa interior a falta de traje de baño, otros iban con lo primero que encontraron, pero todos, divertidos y ansiosos por hacer castillos de arena y sumergirse en el agua como si se encontraran en cualquier playa del caribe mexicano.
 
Sucede que es tanta la demanda de éstos ‘oasis del asfalto’, que los visitantes deben hacer fila y obtener un brazalete con el que podrán acceder a la ‘zona de playa’ y pasar dos horas de sano recreo. Al finalizar éste periodo, abandonan el lugar y un nuevo grupo de visitantes irrumpe, también por dos horas en la escena, y así sucesivamente. El primer pelotón, según me enteré, entra a las 8 de la mañana, y el último a las 4 de la tarde.
 
Antes de que los bañistas puedan entrar a las albercas, deben participar en la sesión de calentamiento que una preparadora física del gobierno les proporciona. Por cinco minutos (o más) fui testigo de una gigantesca clase de aerobics que con disculpas de los participantes, rayaba en la comicidad. Niños gordos, abuelitas en fondo, señores en bermudas y con calcetines de vestir y demás ejemplares curiosos movían sus humanidades al ritmo de una canción reggetonera. Y después, que Dios se apiade de aquellas almas que desbocadas se precipitaron en milésimas de segundos a la voz de listo, convirtiendo aquellas albercas en hervideros humanos y campos de cultivo para las bacterias.
 
Caminé un poco más y descubrí a un par de niñas jugando con la arena que a esas alturas de las vacaciones ya no era tan blanca como antes. Unos pasos más, y di con la zona de comida, dónde por una muy breve cantidad de dinero uno puede degustar un rico caldo de camarón, un ceviche, un cóctel de camarón y otras delicias del mar. Siendo fiel a mi nueva filosofía de vida, decidí correr el riesgo de pasar la noche sentado en la tasa del baño y pedí un filete de pescado. Hasta el momento, mi temeridad no ha tenido consecuencia.  
 
Lo acepto, todo lo que vi en ese ‘baño del pueblo’ (en sentido literal y figurado) sobrepaso mis expectativas. Quizá me he vuelto demasiado ‘burgués’, o simplemente tantas muestras de populismo me marearon. Como de seguro ya estoy sonando pedante, diré que si bien, la noticia y posterior instalación de éstas playas artificiales en la Ciudad de México me pareció surrealista y hasta ridícula, después de visitarla me di cuenta que si un grueso de población disfruta de sus vacaciones y se olvida de sus problemas, entonces vale la pena (aunque no todos la comprendamos).
 
Desde ahora, le propongo al Jefe de Gobierno del Distrito Federal que para la temporada navideña instale en el Cerro de la Estrella una zona para esquiar, y en Churubusco una pista de patinaje.
 
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(como el simbolito de las caricaturas japonesas de ‘continuará) 
 
Abr
11
 
“Cuando yo voy a jugar a la liga ‘atlántica’ del fútbol, siempre me fijo que el entrenador sea Lagolpe. Porque Lagolpe, los golpea, si no ganan.”
 
“Muy bien, muy mal, que el negrito bailarín, quiere vomitar”
 
“Cuando yo voy al mercado, siempre me fijo que la carne sea, de la carne verdolaga – verdolaga”
 
 
Chistes que invento mi hermana Eva Lucia Revelo, a los seis años de edad. En aquellos tiempos Ricardo A. Lavolpe era el entrenador del equipo Atlante. ¿Se nota que de nuevo tengo bloqueo de escritor?.
Abr
08
 
Llena de leyendas. La región de los Tuxtlas es así. Si bien, el poblado de Catemaco es el que más fama posee, no debemos dejar de lado que toda la zona, conformada además por los poblados de Santiago y San Andrés,  está llena de historias y misticismo.
 
Apenas se pone un paso en éstas tierras, todo cambia. El olor a tierra, los colores del cielo, la vegetación y hasta el estado de animo se hace diferente. La vida se vuelve un instante, la muerte espacio infinito. Por eso quizá la impresión de ‘no estar’ siempre es latente.
 
Lugares así, necesariamente, son ricos en historias: Hay quién habla de una bola de fuego que en las noches sale de un cerro y recorre a gran velocidad la Laguna de Catemaco, otros mencionan que toda la región está llena de una especie de duendes llamados ‘chaneques’ o que la zona está tan cargada de magnetismo que sirve como base de seres y naves extraterrestres. De entrada, todo esto que sonaría a fantasía, comienza a tornarse en realidad en cuanto nuestros propios ojos constatan el ramillete de ritos y ceremonias que tienen lugar entre los lugareños. Estar en los Tuxtlas en plena Semana Santa, es adentrarse en un recorrido del que difícilmente nos repondremos. Desde altares de santos adornados con plantas y polvos aromáticos, hasta procesiones silenciosas. Desde el fervor casi exagerado de la población a su fe ciega en la Virgen del Carmen o el Cristo Negro de la Misericordia. Elementos que en si, podrían ya darle renombre mundial a Catemaco y a los Tuxtlas, y que inevitablemente, quedan relegados a segundo termino debido a un atractivo mucho más poderoso y atractivo: la brujería.
 
Para aquellos que piensen que la fama de los brujos de Catemaco es un mero invento para atraer turismo, permítanme desengañarlos, pues aunque hay muchos charlatanes, también es cierto que hay chamanes y brujos dedicados al cien por ciento a practicar limpias, conjuros, amarres y cuanto trabajo se les ocurra. Convendría, antes que nada, hacer una clara diferenciación entre los términos ‘brujo’ y ‘chaman’.  Los primeros practican las artes obscuras, los segundos sólo trabajan con magia blanca. Y aunque suene muy romántico el asunto, aquí también el bien y el mal se complementan y crean un balance perfecto. Por eso, a finales de marzo y principios de abril brujos ‘buenos y malos’ tienen sus ceremonias por separado. En diferentes cerros, como si uno y otro se estuvieran observando. En uno de estos cerros, está la llamada ‘Cueva del Diablo’, centro de los ritos de brujería negra.
 
¿Alguien se resistiría a vivir la aventura de comprobar con sus propios ojos que todo esto existe?
 
Yo no. Como buen narrador caí inmerso en la imperiosa necesidad de acudir al llamado de mi curiosidad. Por eso insistí tanto en hacer el recorrido que me llevaría de Catemaco a San Andrés y de ahí, siguiendo la carretera a Veracruz, dar vuelta a la derecha después del segundo tope y subir unos ocho kilómetros para dejar después el auto a un lado de la carretera e internarme a pie por un caminito que me llevaría hasta la llamada ‘Laguna Encantada’, que debe su nombre a que cuando llueve el nivel de sus aguas baja, y en tiempos de sequía ésta sube.
 
Desde aquí, el paisaje es hermoso, pero tan solitario y silencioso que da miedo, pues al azul intenso de las aguas tranquilas, lo cubre una espesa vegetación que sólo deja escuchar los sonidos de algunas aves y animales de la selva. Para llegar a la ‘Cueva del Diablo’ hay que rodear brevemente un pequeño tramo de la orilla de la laguna. A lo lejos, en la mitad de aquel deposito acuoso, en una rudimentaria embarcación a base de tablas, dos mujeres indígenas de extraños rasgos y llamativos vestidos cruzan la laguna con una velocidad y habilidad sorprendentes. Después viene lo complicado que es adentrarse en la selva, siguiendo un caminito a ratos apenas perceptible. Sintiendo como tras cada paso las plantas se mueven a causa de los animales que al escucharnos se alejan despavoridos. No así una serpiente coralillo que decide atrancar medio camino e impedirnos el paso. Después de unos minutos, ella y su veneno se alejan como dándonos permiso de seguir. Así, son cerca de dos kilómetros de subir, bajar, atravesar raíces gigantescas de árboles, piedras, matorrales y plantas. De escuchar sonidos extraños y no ver más que algunos rayos de sol que prófugos alcanzan a atravesar el espeso techo que los árboles selváticos nos brindan.
 
Entonces se oye agua correr. Y uno se alegra pues encuentra en aquel sonido al menos un eco a sus pensamientos. Minutos después, un pequeño manantial del que brota un pequeño riachuelo le da la bienvenida al casi suicida aventurero. No es muy grande, pero su agua transparente y fría brinda tranquilidad. Y uno la bebe, se sumerge en ella, se refresca y se olvida entonces de que está en medio de la selva, presa fácil de animales, bandidos o brujos. Uno olvida que nuestro destino en realidad es la casa del Diablo, y que con esas cosas no se juega. ¿Debería estar al menos un poco preocupado?.
 
Volví a mi miedo y angustia cuando apenas unos pasos arriba del riachuelo, una pared pintada con las leyendas ‘Respeta mi casa’ y ‘Satanás está vivo’, así como algunas veladoras negras nos dieron la bienvenida a un mundo que ya no pertenecía al de los vivos. Miedo a lo desconocido, a las fuerzas de aquello que no podemos controlar. Ahora la cuesta se volvía más pesada y empinada. Piedras, musgo resbaloso, y a lo lejos el ladrido de unos perros furiosos convertían el aire en hostil. Y de pronto aparece ante nuestros ojos una gruta llena de mosquitos. Más leyendas en las paredes de roca. Cartas, fetiches, gallinas muertas, veladoras. Las paredes de la gruta llena de flores secas y un profundo olor a humedad. 
 
Aunque los lugareños recomiendan no entrar a la cueva, y mucho menos pisar los objetos del interior debido a la carga negativa de éstos, la maldita curiosidad nos obligo a entrar en aquella oscuridad. A revolvernos en aquel piso lodoso y escuchar los chillidos de los cientos de murciélagos que nos vigilaban. Quizá lo de la carga de negatividad sea cierto. Años atrás, también había entrado, sólo que en aquella ocasión, al llegar al hotel nos dijeron que una fuga en el tanque de gas de mi casa en la Ciudad de México amenazaba con provocar una explosión en la calle. Afortunadamente aquella vez no paso nada.
 
Una hora después el camino de regreso ya es menos angustiante. No por eso, crean que la magia de aquel lugar se olvida rápido, al contrario, las imágenes y olores de la Cueva del Diablo siempre están allí. Y no me imagino como será esa noche en la que todos los brujos se reúnen ahí. El sólo hecho de pensar que por esa ruta selvática han pasado brujos y que en esa zona se conjura al diablo, me parece surrealista. En lo personal creo que el mal existe. No podría concebir al bien sin la existencia de éste, y viceversa. Ver aquellos altares y sentir aquella presencia del mal me confirma que en la región de los Tuxtlas pasa de todo, menos cosas normales. Años de indagar en sus leyendas y yo cada vez me maravillo más con estos lugares que escapan de mi entendimiento.
 
Algún día me gustaría escribir todo lo que sé de estás tierras. Aunque de intentarlo nunca acabaría.
Abr
04
Y tenía que volver, aun a sabiendas de que puede ser la última vez.
 
Estoy en el sureste del estado de Veracruz, en la selvática región de los Tuxtlas. Amaneció nublado, dicen que está entrando norte, pero que mañana volverá a estar soleado. Así esta este día, entre nublado y lluvioso la gente va y viene por la plaza central de Catemaco, recientemente remodelada y poseedora de jardincitos bien cuidados, un tradicional kiosco, muchas banquitas y por supuesto, su Catedral dedicada a la Virgen del Carmen y su Palacio Municipal Naranja.
 
Si hago un análisis de lo mucho que ha cambiado éste pueblo en los últimos veinte años creo que no acabaría. Las carreteras son mejores, la Feria que siempre abarrotaba toda zona central ha sido trasladada hacia las afueras de la población y el malecón, frontera de la inmensa laguna de Catemaco y el poblado del mismo nombre está más lindo que nunca. Aun así, a pesar de llevar toda mi vida viniendo no podría definir del todo lo que Catemaco ‘es’. Supongo que cuándo alguien más cree conocer algo, es en realidad cuándo más lo desconoce.
 
Catemaco son momentos de mi infancia. Son primeras veces. Son aventuras. Son añoranzas. Catemaco es selva, es la oportunidad que cada año se me da de disfrutar de la naturaleza en su máximo explendor. Catemaco era caminar en las mañanas por la orilla de la laguna con Papá, hoy es seguir ese camino sólo pero siguiendo sus huellas. Catemaco es tierra de magia, está en todos lados. Es un cerro de brujos buenos y otro de brujos malos. Es una laguna inmensa con islas habitadas por changos. Es una roca con unos pequeños pies marcados en una roca en dónde hace años se le apareció la Virgen al pescador Juan Catemaco, o es, una cascada impactante.
 
Son siete horas de camino desde el DF. Catemaco es comer vasitos con Tegogolos y tomar refresco Coyame hasta el cansancio pues sabes que en ninguna otra parte del mundo podrás encontrarlos. Catemaco es calor con días lluviosos. Es querer volver una y otra vez aunque parezca que conoces está tierra como la plante de tu mano.
 
El punto es que estoy aquí. Un año más sin saber si será el último. Volví por gusto y por cariño a una tierra que supongo, debería empezar a llamar “mi segunda casa”. Cuando algún sitio te brinda un poco de su alma y a cambió te arranca momentos de tu vida, es imposible desprenderte de él. Aquí he crecido, jugado, llorado, pero sobre todo, he sido feliz.
 
No sé si vuelva. Por eso quiero disfrutar estos días al máximo. Sentir está tierra, llevármela en los poros de la piel.
 
Estos días he vivido mucho. Aquí es así. En los próximos días y con más calma, lo escribiré.
 
Desde el corazón de Catemaco, Veracruz.
Gabriel Revelo,
que en los últimos tres días a manejado a 190km/h, casi es picado por una Serpiente Coralillo, rompió su traje de baño jugando fútbol, fue a retar al Diablo al cerro de los brujos de magia negra, no ha visto televisión y ha caminado y corrido más que en los últimos dos años de su vida
Mar
31
 
Alguien vino a decírmelo: andan diciendo que soy caso perdido. Que duermo todo el día y que paso todo el tiempo encerrado en mi casa sin preocuparme ni por mi futuro, ni por encausar mi vida hacía algún camino en especifico. Comentan que leer tantos libros y de manera tan compulsiva no me dejará nada, que al final sólo me hace perder mi tiempo y que eso de escribir, es igual a morirse de hambre.
 
Sé que la gente pasa y me ve sentado. Observando a la nada, con la mirada perdida. Es lógico que piensen que soy un flojo y desobligado. La verdad no es así. Me gustaría defenderme pero no sé que tan útil sería. Si pudiera, les explicaría que duermo mucho menos que la mayoría de la gente que me rodea. Les diría que escribir no es nada fácil, pues de ser así, todos ya tendrían un libro publicado. Cómo decirle a todas esas personas que creen que no hago nada, que muchas veces el sentarse a pensar en historias y estructuras narrativas es realmente escribir, y no el proceso de sentarse ya frente una hoja de papel o un monitor a plasmar lo que durante horas, y a veces semanas previas, se viene cocinando en la mente. ¿Cómo explicar que si bien para muchos, el dinero es sinónimo de éxito, para mi no es más que un mal necesario para vivir?. ¿Y si les dijera que para mi lo único importante es ser feliz y hacer lo que a uno lo llene plenamente?.
 
Dirán una y otra vez que lo que digo sólo son utopías, y que en lugar de andar soñando con imposibles me ponga a trabajar en mi futuro. Aunque hace mucho que tome la decisión de dedicar mi vida en cuerpo y alma a la escritura y a salirme con la mía o morir en el intento.
 
Porque ellos no lo saben, pero escribir además de apasionante, es esclavizante. Una vez que pruebas el mundo de las letras sabes muy dentro de ti que jamás podrás dejarlas. Eso no lo dicen ellos. No dicen que darle vida a una historia es quizá mucho más complicado que completar un informe sobre las operaciones económicas de una empresa en el último trimestre.  
 
Sé que mucha gente desconoce que paso días enteros escribiendo hoja tras hojas, generando borradores, tirandolos a la basura. Desvelado, yendo de aquí para allá con la única intención de vivir un poco más y encontrarme con algo digno de ser escrito. Seguirán diciendo que soy un mantenido y peor aun, un inmaduro. Francamente lo que opinen no me detendrá. Ellos alguna vez han disfrutado, o disfrutarán de alguna historia bien contada.
 
Y dicen que no digo nada…